22 de abril de 2021
Familia

Iglesia-Familia: los desafíos de la cultura dominante

La ponencia de la Subsecretaria Gambino en la 9ª edición del Curso de Postgrado en Información Religiosa promovido por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz
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El 16 de abril, Gabriella Gambino, Subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, pronunció una conferencia en la 9ª edición del Curso de Especialización en Información Religiosa, organizado en la plataforma de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma.

Tomando como referencia el Año “Familia Amoris Laetitia", inaugurado por el Papa Francisco en el quinto aniversario de la exhortación apostólica, la ponencia se centró en la importancia de promover, a través de los medios de comunicación, una imagen positiva y posible de la familia cristiana, poniendo de manifiesto su fuerza propositiva y generadora en la sociedad, aun "en el sufrimiento y la fatiga, el dolor y la limitación" propios de la condición humana.

La familia es el corazón del desarrollo y la promoción de una pedagogía de la solidaridad y de la paz entre las nuevas generaciones. "Debemos aprender a pensar en ella, explicó, como un hilo conductor que atraviesa todas las cuestiones relacionadas con la economía, la cultura y la sociedad: si fortalecemos la familia, si reforzamos su estabilidad y la capacidad de confianza y fiabilidad que es capaz de transmitir a sus hijos, podemos hacer de ella un lugar para la generación de esperanza. Ya que es en ella donde, dadas ciertas condiciones, los niños pueden aprender el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien y el perdón".

En este sentido, la conferencia se centró en dos aspectos, que la comunicación debe promover para hacer operativa una efectiva "cultura familiar": la estabilidad familiar, como condición para el desarrollo de la identidad humana y cristiana de cada miembro de la familia; y el valor de la confianza, que en la realidad familiar debe poder concretarse en la fidelidad conyugal de los padres. Es un tema del que hoy se habla poco, casi un tabú, que genera retos desestabilizadores sobre todo para los niños, en el horizonte de la "cultura de lo provisional" de la que habla el Papa Francisco.

En el contexto de una fragilidad cultural que "debilita [...] la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desvirtúa los lazos familiares" (EG 67), "hoy el amor tiene cada vez más dificultades para tener una historia, para convertirse en morada de hombres y mujeres. Sin embargo, amar significa dar tiempo: el tiempo como duración de toda la vida, [...]. Y el tiempo del amor se llama fidelidad, adhesión estable a lo que ha sucedido para poder comprenderlo, para darle un sentido siempre nuevo, para permitir que siga existiendo".