25 de noviembre de 2016

¡Basta con la violencia contra las mujeres!

El Dicastero para los Laicos, la Familia y la Vida une su voz a la de todos aquellos que hoy se unen para decir: ¡basta con la violencia contra las mujeres! Esta violencia, en todas sus modalidades, atenta contra la dignidad de las mujeres y pisotea la imagen de Dios que está en ellas. Trabajemos para crear una cultura donde toda mujer y todo hombre sean respetados en su dignidad de hijos de Dios.

Respecto a la violencia contra las mujeres, queremos recordar las palabras del Papa Francisco en la Amoris Laetitia (n.54):

«… deseo resaltar que, aunque hubo notables mejoras en el reconocimiento de los derechos de la mujer y en su participación en el espacio público, todavía hay mucho que avanzar en algunos países. No se terminan de erradicar costumbres inaceptables.

Destaco la vergonzosa violencia que a veces se ejerce sobre las mujeres, el maltrato familiar y distintas formas de esclavitud que no constituyen una muestra de fuerza masculina sino una cobarde degradación. La violencia verbal, física y sexual que se ejerce contra las mujeres en algunos matrimonios contradice la naturaleza misma de la unión conyugal. Pienso en la grave mutilación genital de la mujer en algunas culturas, pero también en la desigualdad del acceso a puestos de trabajo dignos y a los lugares donde se toman las decisiones. La historia lleva las huellas de los excesos de las culturas patriarcales, donde la mujer era considerada de segunda clase, pero recordemos también el alquiler de vientres o “la instrumentalización y mercantilización del cuerpo femenino en la actual cultura mediática”.

Hay quienes consideran que muchos problemas actuales han ocurrido a partir de la emancipación de la mujer. Pero este argumento no es válido, “es una falsedad, no es verdad. Es una forma de machismo”. La idéntica dignidad entre el varón y la mujer nos mueve a alegrarnos de que se superen viejas formas de discriminación, y de que en el seno de las familias se desarrolle un ejercicio de reciprocidad. Si surgen formas de feminismo que no podamos considerar adecuadas, igualmente admiramos una obra del Espíritu en el reconocimiento más claro de la dignidad de la mujer y de sus derechos.»