El Dicasterio

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida fue instituido por el Santo Padre Francisco, el 15 de agosto de 2016, mediante el Motu Proprio Sedula Mater, asumiendo las competencias y funciones que pertenecían al Consejo Pontificio para los Laicos y al Consejo Pontificio para la Familia. Se rige por un Estatuto aprobado ad experimentum el 10 de abril de 2018 que entró en vigor el 13 de mayo de 2018. Está presidido por el Prefecto, asistido por un Secretario y dos Subsecretarios laicos; tiene sus propios miembros y consultores, incluyendo fieles laicos – hombres y mujeres, solteros y casados ​​– que trabajan en diversos campos de actividades y proceden de diferentes partes del mundo; posee un conmensurado número de funcionarios, clérigos y laicos, elegidos, en la medida de lo posible, de diferentes regiones del mundo.

El Dicasterio es competente en aquellas materias que conciernen a la Sede Apostólica en cuanto a la promoción de la vida y el apostolado de los fieles laicos, la atención pastoral de los jóvenes, de la familia y su misión, según el designio de Dios, y la protección y el apoyo de la vida humana. En relación a estos temas, el Dicasterio promueve y organiza congresos internacionales y otras iniciativas que tomen en cuenta tanto el ámbito eclesial como aquél más amplio de la sociedad.

Le corresponde al Dicasterio promover la vocación y la misión de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo, tanto como individuos y como miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos y comunidades, favoreciendo en ellos la conciencia de corresponsabilidad, en virtud del sacramento del Bautismo, por la vida y la misión de la Iglesia, según los diferentes carismas recibidos para la edificación común. El Dicasterio favorece la presencia activa y responsable de los fieles en la vida parroquial y diocesana y en los órganos consultivos de gobierno de la Iglesia universal, y, al mismo tiempo, pone especial atención en su misión singular de animar y perfeccionar el orden de las realidades temporales. Evalúa, asimismo, las iniciativas de las Conferencias Episcopales que piden a la Santa Sede, de acuerdo a las necesidades de las Iglesias particulares, la creación de nuevos ministerios y oficinas eclesiásticas. El Dicasterio erige, además, las asociaciones de fieles y los movimientos eclesiales internacionales, y aprueba o reconoce los estatutos; examina los recursos administrativos relativos a materias de su competencia. Expresa la solicitud de la Iglesia para con los jóvenes, apoyando las iniciativas del Santo Padre en el ámbito de la pastoral juvenil; un momento fuerte de tal actividad es la preparación de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Trabaja por la profundización de la reflexión eclesial sobre la identidad y la misión de la mujer en la Iglesia y la sociedad.

El Dicasterio se dedica al cuidado pastoral de la familia, protege su dignidad y su bien basados en el sacramento del matrimonio, defiende sus derechos y su responsabilidad en la Iglesia y en la sociedad civil. Intenta discernir los signos del tiempo para identificar las oportunidades que se presentan para valorar la familia según el designio de Dios y hacer frente a los desafíos que se le presentan. Promueve congresos y eventos internacionales, en modo particular los Encuentros Mundiales de las Familias. Sigue las actividades de los institutos, asociaciones, movimientos eclesiales y de las organizaciones católicas, nacionales e internacionales, cuya finalidad es servir al bien de la familia. Se preocupa, asimismo, de la profundización de la doctrina sobre la familia y su divulgación mediante una adecuada catequesis. Con el deseo de ofrecer instrumentos formativos concretos, fomenta los estudios sobre la espiritualidad del matrimonio y la familia, ofrece líneas directrices para los programas de formación para novios y matrimonios jóvenes, y de apoyo a las familias en la formación de los jóvenes en la fe y la vida eclesial y civil, poniendo una atención particular en el diálogo intergeneracional, como también en los pobres y los marginados. Favorece además la apertura de las familias a la adopción y la acogida de menores y al cuidado de los ancianos. Para conseguir tales fines y fomentar un rumbo común en los estudios sobre el matrimonio, el Dicasterio mantiene un estrecho vínculo con el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y la Familia.

Por último, el Dicasterio tiene como finalidad apoyar y coordinar las iniciativas para la protección de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural, teniendo presente las necesidades de la persona en las diferentes fases evolutivas; promueve y alienta las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a acoger y proteger el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y a prevenir el recurso al aborto; apoya los programas y las iniciativas destinadas a ayudar a las mujeres que han abortado. El Dicasterio tiene además la tarea de estudiar y promover la formación de los fieles en base a la doctrina moral católica y el magisterio de la Iglesia sobre los principales problemas de la biomedicina y del derecho relacionados con la vida humana y las ideologías inherentes a la vida humana y la realidad del género humano, acogiendo también, con respecto a estas cuestiones, la competencia de la Pontificia Academia para la Vida.