26 de enero de 2017

Judit y el valor de las abuelas

La historia de Judit, de la cual habló el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles, 25 de enero, es la de una mujer humilde y valiente. Valiente, más que los hombres, precisamente por ser humilde y confiar en la voluntad de Dios “Judit, – dijo el Papa – de hecho, tiene su propio plan, lo realiza con éxito y lleva al pueblo a la victoria, pero siempre en la actitud de fe de quien acepta todo de la manos de Dios, segura de su bondad”.
Es significativo que la catequesis terminara con la invitación del Santo Padre a recordar “cuántas veces hemos escuchado palabras sabias, valientes, de personas humildes, de mujeres humildes que uno piensa que  –sin despreciarlas– son ignorantes”, y con algunas palabras acerca de las abuelas, publicadas también en el perfil Instagram@Franciscus: “Cuántas veces las abuelas saben decir la palabra justa, la palabra de esperanza, porque tienen la experiencia de la vida, han sufrido mucho, se han encomendado a Dios y el Señor nos otorga este don de darnos el consejo de esperanza”.
El Papa Francisco habla a menudo del papel de la mujer en la Iglesia – que, como le gusta decir, es mujer – y de la importancia de que no se las valore solamente de una manera “funcional”, sino que se tome en cuenta su “ser y su pensamiento” . Una de las primeras veces que habló de ello, en un discurso a los obispos brasileños, dijo: “Si la Iglesia pierde a las mujeres, en su dimensión total y real, la Iglesia corre el riesgo de ser estéril”. El Papa Bergoglio está realmente interesado en esta dimensión “total y real” de la vida de las mujeres y la catequesis de ayer añade una pincelada al retrato que está haciendo de esta dimensión en su Magisterio.

Estamos acostumbrados a imaginarnos a Judit como la representa Caravaggio en su cuadro, donde aparece orgullosa y violenta, o como lo hace Artemisia Gentileschi, hay una exposición suya en estos días en Roma, Palazzo Braschi, que llama la atención por su dramatismo, o como la representa Klimt, con formas sensuales. El Papa Francisco añade a las representaciones de Judit una nueva imagen: la de una abuela con el rostro surcado por las arrugas de haber vivido y sufrido tanto y que enseña a confiar en la voluntad de Dios, sea cual sea. Ella es el emblema del valor.