05 de abril de 2017
#Krakow2Panama

Los jóvenes se dejarán convencer cuando haya una coherencia entre el mensaje del Evangelio y el testimonio que vamos a darles

Incluso dentro de un centro de convenciones el encuentro con tantas personas - especialmente jóvenes – provenientes de más de cien países de todo el mundo es algo sorprendente: contando la Conferencia Episcopal del Norte de África y la de Zimbabue, hay exactamente 104 países representados y 44 movimientos, grupos y asociaciones internacionales de jóvenes católicos presentes en este evento patrocinado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que en Roma, en estos días, aborda la transición de la Jornada mundial de la juventud de Cracovia a la de Panamá 2019 pasando por el Sínodo dedicado a los jóvenes.

“Os doy la bienvenida a todos, en nombre del Papa Francisco, a este encuentro que es de gran importancia para la vida de la Iglesia ... es un encuentro que ha alcanzado una gran participación”, así comienza el saludo del Prefecto del Dicasterio, el cardenal Kevin Farrell, a los más de 300 delegados presentes, agentes de la pastoral juvenil, y, sobre todo a los numerosos jóvenes: muchísima sabiduría colectiva, muchísima experiencia de trabajo con los jóvenes acumulada en treinta años de Jornadas Mundiales de la Juventud, y que ahora está al servicio del próximo Sínodo de los Obispos, dedicado precisamente a los jóvenes.

En esta primera jornada se ha abordado la evaluación de las JMJ de Cracovia 2016: una tarea que ha resultado especialmente útil para los panameños y para aquellos que tendrán el valor de organizar las futuras JMJ, pero también una oportunidad para recoger los frutos pastorales del evento en Polonia y en el mundo. El Arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanisław Dziwisz, ha abierto la sesión de los trabajos focalizando la atención de los presentes en cuatro puntos: 1) JMJ: experiencia de la catolicidad de la Iglesia; 2) JMJ: experiencia de Comunidad y esperanza de un mundo nuevo; 3) JMJ: experiencia de una iglesia en “salida”; 4) JMJ: experiencia de compromiso para una nueva evangelización.

 

#Krakow2Panama shows the young face of the Church

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Tanto el padre Grzegorz Suchodolski, secretario general del Comité JMJ 2016 como don Emil Parfiniuk, responsable de la pastoral juvenil de Polonia, en sus intervenciones, han hecho hincapié en la importancia del largo camino de preparación y de la implicación personal, en primera persona, de los jóvenes. Han recordado la colaboración de las 44 diócesis que tuvo como fruto el redescubrimiento, por parte de los jóvenes polacos, de la riqueza espiritual de su país y el encuentro con personas provenientes de todo el mundo, unidas en la fe en Cristo. Estas fueron las claves del éxito de las Jornadas mundiales de Cracovia.

La calurosa acogida, sobre todo en las jornadas transcurridas ​​por los peregrinos en las diócesis polacas, ha sido mencionada en la mayoría de las intervenciones de los delegados como uno de los elementos más gratamente sorprendente de dichas JMJ. El testimonio del delegado iraquí - una de las más antiguas comunidades cristianas del mundo, hoy en día atrozmente perseguida- ha suscitado un gran interés. Esta comunidad, a pesar de todo, quiso estar presente en Cracovia porque “estar entre los jóvenes de todo el mundo es la mejor manera de no sentirse abandonados a un destino incomprensible”. Han sido numerosas las intervenciones de los delegados de todo el mundo - desde Corea del Sur a la pequeña Albania, de Uganda a la República Dominicana –, han hablado de su experiencia, del proceso de preparación y de los frutos que su país ha recogido después de la participación a las JMJ.

Mons. Damian Muskus, obispo auxiliar de Cracovia, presentó los trabajos de la tarde, dedicados a los aspectos técnicos y logísticos, sin olvidar que, como dijo el Papa Francisco a los voluntarios en el encuentro del último día: “Estas Jornadas han sido preparadas con mucho trabajo, pero también con mucha oración”.

El día terminó con la Santa Misa presidida por el cardenal Farrell, quien, en su homilía, hizo hincapié en que no basta llamarse cristianos: la etiqueta no es suficiente, se necesitan hechos, se necesita el testimonio. Los jóvenes se dejarán convencer cuando haya una coherencia entre el mensaje del Evangelio y el testimonio que vamos a darles. 

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