22 de junio de 2017
Iglesia y deporte

Los valores del deporte también son necesarios fuera del campo de juego

Papa Francisco recibió en audiencia a una delegación de la National Football League

En la mañana del miércoles 21 de junio, en la sala adyacente al Aula Pablo VI, el Papa Francisco recibió en audiencia a una delegación de la National Football League (NFL), un encuentro organizado por los Caballeros de Colón. El Santo Padre dirigió las siguientes palabras a los presentes:

Queridos amigos,

Me alegra dirigíos un cordial saludo, miembros y dirigentes de la American Pro Football Hall of Fame, y ​​daos la bienvenida al Vaticano. Como muchos de vosotros soy un apasionado del “football”,  pero en el país de donde vengo se juega de manera muy diferente.

Doy gracias al Sr. Anderson por sus amables palabras, que han destacado los valores tradicionales de la lealtad y la deportividad que tratáis de personificar,  tanto en el terreno de juego como en vuestra vida,  en vuestras  familias y en vuestras comunidades. El mundo en que vivimos, y en especial los jóvenes, necesitan modelos, personas que nos muestren cómo sacar lo mejor de nosotros mismos, para que fructifiquen los dones y talentos que nos ha dado Dios y, haciendo así, nos enseñen el camino para un futuro mejor  de nuestras sociedades.

El trabajo en equipo, el juego limpio y el esforzarse por lo mejor, son valores - incluso en el sentido religioso de la palabra - que orientan vuestro empeño en el terreno de juego. Sin embargo, de estos valores hay una necesidad urgente fuera del campo, en todos los ámbitos de la vida comunitaria. Son los valores que ayudan a construir una cultura del encuentro, en la que podemos prevenir y sostener  las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, y luchar contra el exagerado individualismo, la indiferencia y la injusticia que nos impiden vivir como una única familia humana . ¡Cuánto necesita el mundo esta cultura del encuentro!

Estimados amigos, ojalá que vuestra visita a la Ciudad Eterna aumente vuestra gratitud por los muchos regalos que habéis recibido y os inspire a compartirlos cada vez más generosamente para construir un mundo más fraterno. Invoco sobre vosotros y vuestras familias la bendición de Dios, la alegría y la paz.

¡Que Dios os bendiga a todos!