06 de febrero de 2017

La enzima de comunión

El pasado sábado el Papa Francisco se reunió con los participantes del Congreso “Economía de Comunión”, una entidad empresarial basada en la fraternidad y en la puesta en común de los beneficios del Movimiento de los Focolares, recibidos en audiencia para celebrar los 25 años de su experiencia.

El Papa recordó la invitación realizada por Chiara Lubich en Brasil, cuando, “ante el escándalo de la desigualdad en la ciudad de San Pablo, pidió a los empresarios de convertirse en agentes de comunión. Invitándolos a ser creativos, competentes,  pero no sólo eso”. La economía y la comunión son más hermosas cuando están una al lado de la otra. “Más bella  la economía, por supuesto, pero aún más hermosa la comunión, porque la comunión espiritual de los corazones es aún más plena cuando se convierte en comunión de los bienes, de los talentos, de los beneficios”.

El Papa recomendó que se le diera prioridad a la “calidad”, antes que a la “cantidad”: “Todas las veces que las personas, las naciones, e incluso la Iglesia han pensado en salvar al mundo creciendo en número, han producido estructuras de poder, olvidándose de los pobres. Salvemos nuestra economía,  permaneciendo simplemente sal y  levadura”. ¿Cómo no perder el ingrediente activo,  la  “enzima” de comunión? El principio es la “reciprocidad”, el mismo que se empleaba en otros tiempos para conservar la levadura madre.

“La economía de comunión tendrá futuro si la  dais a todos y no se queda sólo en vuestra “casa”. Dádsela a todos, y antes que a ninguno a los pobres y a los jóvenes, que son los que más  necesitan y saben cómo hacer fecundo el don recibido”. “La economía de hoy, los pobres, los jóvenes – concluyó el Santo Padre – necesitan en primer lugar de vuestra alma, de vuestra fraternidad respetuosa y humilde, de vuestra voluntad de vivir, y sólo después de vuestro dinero”.