06 de enero de 2018
Papa Francisco

En el nombre de la Madre

En el léxico elegido por el Papa para estos días de fiesta, un recuerdo constante y concreto a los temas de la familia y la vida.

año recién comenzado, "se abre en el nombre de la Madre de Dios". María que, situándose como madre entre su hijo Jesús y los hombres, desempeña "una función muy especial". Una vez más, "todos los padres", no son propietarios, sino "custodios de las vidas de sus hijos", y reciben la tarea de "ayudarlos a crecer, a madurar". Finalmente, la "misión" que se le encomienda a la familia: "crear las condiciones favorables para el crecimiento en armonía y plenitud de los hijos, para que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo".

Madre, mujer, hijos. Pero también don, belleza, fragilidad: las palabras que el Papa Francisco pronunció en las fiestas que acaban de pasar rebosan de humanidad, evocando de manera continua y concreta los temas de la familia y de la vida.

 

De vida humana “de servir” habló el Papa Francisco el primer día del año, en la homilía para la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios: “Toda vida, desde la que está en el seno de la madre hasta que es anciana, la que sufre y está enferma, también la que es incómoda y hasta repugnante, debe ser acogida, amada y ayudada”. Dios, continua el Papa en la misma homilía, “se ha hecho cercano con la humanidad como un niño a su madre que lo lleva en el seno” y de este modo “el hombre ya no está solo; ya no es huérfano, sino que es hijo para siempre”, sumergido en la “belleza de sabernos hijos amados, de conocer que no nos podrán quitar jamás esta infancia nuestra”.

 

Hablando de Nuestra Señora, a quien confió el año 2018, el Papa Francisco hizo hincapié en que la devoción a ella “no es una cortesía espiritual”, sino “una exigencia de la vida cristiana” que ayuda a “encontrar lo que verdaderamente cuenta”: “El don de la Madre, el don de toda madre y de toda mujer – prosiguió el Santo Padre - es muy valioso para la Iglesia”, que precisamente “es madre y mujer”.

 

Sobre la “función muy especial” desempeñada por María, habló el Papa durante el Ángelus del mismo 1 de enero, en ocasión de la 50ª Jornada Mundial de la Paz sobre el tema “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”. “María intercede, como en Caná, consciente – dijo- que en cuanto madre puede, es más, debe hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres, especialmente de los más débiles y desfavorecidos”.

 

Y si “en los pasos de José y María se esconden tantos pasos” y “vemos las huellas de familias enteras que hoy se ven obligadas a marchar”, – subrayó en la homilía pronunciada en la basílica vaticana la noche de Navidad -  “cada vez que las familias, también las heridas y marcadas por la fragilidad, fracasos y dificultades vuelven a la fuente de la experiencia cristiana, se abren caminos nuevos y posibilidades inimaginables”, añadió en el Ángelus para la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, el último día del año.

La “plenitud del tiempo” ha sido el tema recurrente del Te Deum: desde el momento que “la fe nos hace contemplar y sentir que Jesucristo, Verbo hecho carne, ha dado plenitud al tiempo del mundo y a la historia humana”, “la primera que experimenta este sentido de la plenitud donada de la presencia de Jesús ha sido precisamente la «mujer» de la que Él ha «nacido». […] A través de ella, por así decir, ha brotado la plenitud del tiempo”. También este tiempo del año 2017, “que Dios –el Papa hizo esta reflexión–  nos había donado íntegro y sano, nosotros humanos de tantas maneras lo hemos desperdiciado y herido con obras de muerte”. No solo con las guerras, sino también – concluyó – con “todas las pequeñas y grandes ofensas a la vida, a la verdad, a la fraternidad, que causan múltiples formas de degrado humano, social y ambiental”.