17 de noviembre de 2017
Pontificia Academia para la Vida

No a la eutanasia, sí al amor por los enfermos

El mensaje del Papa Francisco en la reunión de la World Medical Association sobre el final de la vida: “Luchar contra el dolor y la soledad”

“El imperativo categórico es no abandonar nunca a la persona enferma”. Cada uno está llamado a “dar amor de la manera que le corresponde: como padre o madre, hijo o hija, hermano o hermana, médico o enfermero. ¡Pero que lo dé! ”. Así lo expresó el Papa Francisco en el mensaje que envió a monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y a los participantes en la reunión de la Asociación Médica Europea sobre asuntos de “final de vida”, que finaliza hoy en el Vaticano.

Si “la medicina ha desarrollado una capacidad terapéutica cada vez mayor, que ha permitido superar muchas enfermedades, mejorar la salud y prolongar el tiempo de vida”, sin embargo cada vez es “más insidiosa la tentación de insistir en tratamientos que producen efectos poderosos en el cuerpo, pero a veces no ayudan al bien integral de la persona”.

Por lo tanto la renuncia al “ensañamiento terapéutico” es según el Santo Padre “una decisión que asume de manera responsable el límite mortal de la condición humana, en el momento en que se da cuenta de que no se puede contrarrestar. «Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla», como especifica el Catecismo de la Iglesia Católica”.

Se trata de una “diferencia de perspectiva” que “restituye humanidad al acompañamiento del morir sin abrir justificaciones a la supresión de la vida. Notamos, de hecho, que no activar o suspender el uso de medios desproporcionados, equivale a evitar el ensañamiento terapéutico, es decir, a llevar a cabo una acción que tiene un significado ético completamente distinto de la eutanasia, que sigue siendo siempre ilícita, ya que se propone interrumpir la vida dando la muerte”.

Dado que “los factores que entran en juego a menudo son difíciles de evaluar”, según Francisco se requiere “un cuidadoso discernimiento, que considere el objeto moral, las circunstancias y las intenciones de los sujetos involucrados”.

“Y si sabemos que no siempre se puede garantizar la curación de la enfermedad, a la persona que vive debemos y podemos cuidarla siempre: sin acortar su vida nosotros mismos, pero también sin ensañarnos inútilmente contra su muerte. En esta línea se mueve la medicina paliativa que reviste también una gran importancia en ámbito cultural, esforzándose por combatir todo lo que hace la muerte más angustiosa y llena de sufrimiento, - concluye- es decir, el dolor y la soledad”.