24 de agosto de 2018
Dublín: Cardenal Gualtiero Bassetti

Acompañar, discernir e integrar la fragilidad del amor

En el informe del Cardenal Gualtiero Bassetti, Arzobispo de Perugia y Presidente de los obispos italianos, “un itinerario de algunas regiones de Italia, aprovechando el valioso trabajo realizado por los pastores que, a menudo en estrecha colaboración con las facultades teológicas del territorio pertinente, han ofrecido formas concretas de aplicar la Amoris laetitia”

Un texto exigente y rico, el del presidente de los obispos italianos, en el último día del Congreso de Dublín. Para ilustrar "los tres verbos de Amoris laetitia", el cardenal se ha servido del pasaje evangélico del encuentro del Señor resucitado con los discípulos de Emaús. "Acompañar, implica estar al lado del otro con paciencia y delicadeza, al estilo de Emaús, sin la presunción de tener ya la receta lista para dar. Quien acompaña con sabiduría sabe que tiene que medir inicialmente las palabras, o incluso fingir no saber, cómo lo hace Jesús, como si no conociera o no hubiera vivido en sus propia carne el tormento de la cruz ...
Discernir significa, como afirma Amoris laetitia, que "estamos llamados a formar conciencias, no a pretender reemplazarlas".
Integrar, significa el retorno al centro desde la periferia: a los dos discípulos nos los podemos imaginar hoy en día como a una pareja que experimenta dolorosamente el fracaso de su matrimonio”.
También es igualmente valioso el itinerario presentado por el cardenal Bassetti sobre cómo, en diferentes regiones eclesiásticas italianas se abordan dichas situaciones "aprovechando la valiosa labor realizada por los pastores que, a menudo en estrecha colaboración con la Facultad de Teología del territorio correspondiente, proponen formas prácticas de aplicar la Amoris laetitia". Un ejemplo de ello son los obispos de Campania, Piamonte, Sicilia, Emilia romana y Lombardía. No faltó un recuerdo lleno de emoción sobre la experiencia pastoral del cardenal: "En mis muchos años de servicio pastoral, en varias ocasiones, he sido el pañuelo de lágrimas de los que experimentaron el fracaso del matrimonio y trataron de calmar la sed que sufre el corazón por ello, invocando el abrazo maternal de la Iglesia. Lo que percibo con claridad es el deseo de que este dolor pueda llegar a ser fecundo y se transforme en las alegrías del parto: personas llenas de gratitud y renovadas en una mayor adhesión al Evangelio, tanto para los que acompañan como para aquellos que son acompañados. Este es mi deseo que, con todo mi corazón, espero que se cumpla.”