21 de septiembre de 2018
Visita ad limina

Cristo, pan vivo y verdadera paz para el Sudán

El pasado 6 de septiembre, el Secretario del Dicasterio, el padre Alexandre Awi Mello, y algunos funcionarios recibieron a una pequeña delegación de la Conferencia Episcopal de Sudán, con ocasión de su visita ad limina a Roma

Los obispos de Sudán y del Sur de Sudán - dos realidades históricamente diferentes en cuanto a composición étnica, religiosa y cultural - a pesar de la división de 2011 tomaron la clara decisión de seguir siendo una única conferencia episcopal en nombre de "una historia compartida". Las Iglesias de ambos lados del país comparten los mismos problemas desgarradores: los conflictos armados siguen ensangrentando estos dos países, sembrando muerte y causando destrucción, millones de personas desplazadas y refugiadas, carestía y hambre; las persecuciones de los cristianos y otras minorías es un hecho cotidiano. En la Iglesia no hay sacerdotes, y sigue habiendo grandes zonas que todavía no han recibido el primer anuncio del Evangelio. Entre los fieles hay un cierto nomadismo religioso: la guerra prolongada con el consiguiente desmantelamiento de las estructuras, la escasez endémica de medios y la falta de personal explican en gran medida la falta de formación de muchos fieles. Desprovistos de un sólido bagaje de fe y probados por la angustia de la vida, estos caen fácilmente y son víctimas de sectas que prometen pan y una vida mejor.

Hablando de movimientos y asociaciones internacionales, los pastores expresaron su reconocimiento por su encomiable compromiso apostólico, especialmente en el área de ayuda a las poblaciones destruidas por la guerra, el hambre y la carestía. Su contribución al proceso de reconciliación y paz en un país desgarrado por el odio y el tribalismo también ha sido ampliamente reconocida. Así mismo, han expresado su preocupación por la inexorable reducción del número de dichos organismos debido a la creciente inseguridad en el país y la mano dura de las autoridades sobre las instituciones religiosas.

En lo que se refiere a la familia, los obispos han destacado la crisis por la que atraviesa esta institución en Sudán. Muchas familias han sido destruidas por la guerra: son muchos los huérfanos, los cónyuges que se han quedado solos, las familias desarraigadas de sus tierras y privadas de cualquier medio de subsistencia. Algunas de las devastadoras consecuencias del colapso de la familia son el enorme número de jóvenes que viven en la calle, la alta tasa de abandono escolar, los numerosos niños soldados nacidos y criados en la guerra. La Iglesia sudanesa siente una fuerte llamada a reavivar la esperanza de los jóvenes y mostrarles su preocupación hacia ellos. Esta atención pasa  por la recuperación psicológica y social. Pero lo que preocupa a los obispos en la pastoral familiar son también los matrimonios mixtos que, en el contexto sudanés, implican la mayoría de las veces la renuncia a la propia fe de la parte católica.

A pesar de este panorama general bastante sombrío, la Iglesia continúa su misión con valentía y generosidad, alimentando la esperanza en los corazones, fortaleciendo la identidad cristiana como antídoto contra el odio y anunciando a Cristo, pan vivo y verdadera paz para Sudán.