03 de octubre de 2019
Ad limina

La Iglesia en la India: sal y levadura de la sociedad

En el mes de septiembre, nuestro Dicasterio recibió a los prelados de la India en visita ad limina. En la India, la Iglesia Católica representa una pequeña minoría: hay 22 millones de fieles entre mil millones y 300 mil habitantes. ¡Sólo el 1,6%! Los obispos dijeron que la Iglesia es consciente de ser fermento en la sociedad india: de hecho, a pesar del escaso número de sus fieles, el generoso compromiso prodigado en la educación, la salud, el trabajo social, la lucha contra la pobreza y la promoción humana integral en beneficio de todos hace de la Iglesia Católica una institución reconocida y apreciada por la mayoría. A pesar de este prestigio, la Iglesia en la India sigue siendo hoy en día el blanco de los sectores religiosos extremistas que la someten a abusos, acoso y a violencias de todo tipo.

Aun así, la Iglesia mira hacia el futuro con valentía y esperanza, más decidida que nunca a afrontar los numerosos desafíos culturales y religiosos que caracterizan a la sociedad india de hoy en día: el desmantelamiento del arraigado sistema de castas y la lucha contra las desigualdades sociales, la discriminación de la mujer y el analfabetismo generalizado; la emigración y la preocupación por las generaciones más jóvenes. Desde un punto de vista puramente religioso y ético, los obispos señalan algunas críticas pastorales como el desmembramiento de las familias (la tasa de divorcio va en aumento; las familias disgregadas por la emigración; la poligamia; la violencia doméstica; el fenómeno de las novias niñas), los numerosos ataques contra la vida humana (en la India se practican entre 15 y 16 millones de abortos al año), el sincretismo religioso y el aumento de los matrimonios con disparidades en el culto que, en la mayoría de los casos, ponen en peligro la fe del cónyuge católico.

Para responder mejor a estas urgencias pastorales, la Iglesia en la India ha adoptado una estructura organizativa a todos los niveles: organismos nacionales, regionales, diocesanos y parroquiales, así como las llamadas Small Christian Communities (Comunidades eclesiales de base). Seguidamente, abordando los temas específicos de nuestra competencia, los prelados hablaron de los cursos prematrimoniales propuestos de manera sistemática a todos los novios y de las diferentes estructuras de asesoramiento para el acompañamiento de las familias. En cuanto a la promoción de la mujer, “las cosas están cambiando lentamente”. Mahila Mandals, una organización que trabaja con mujeres y niñas, especialmente en las zonas rurales, para proporcionarles capacitación, herramientas para el autofinanciamiento y la autosuficiencia alimentaria, es digna de elogio. La dedicación a los jóvenes también está dando buenos frutos: un ejemplo es el movimiento juvenil Jesus Youth, fundado en Kerala y ahora muy extendido en diversos países de todo el mundo.

Aun considerando la buena organización y los diversos éxitos pastorales alcanzados, queda mucho por hacer: superar el clericalismo y fortalecer al laicado para una participación plena y corresponsable de los fieles laicos en la vida y en la misión de la Iglesia, prestando especial atención en su compromiso en el ámbito público.

Ante estos desafíos culturales, el prefecto Kevin Farrell invitó a los obispos a no desanimarse y les sugirió que se centraran en acompañar a los jóvenes, en caminar con ellos porque a menudo, en momentos difíciles, se sienten solos, sin una red de apoyo. Y como la preparación al matrimonio no puede limitarse a un curso, por muy bien hecho que esté, el prefecto les propuso la idea de un verdadero catecumenado como camino de preparación al matrimonio. Finalmente, indicó que el método peer to peer es la mejor herramienta para implementar una pastoral familiar efectiva: “Es necesario -explicó el cardenal- identificar y formar algunas parejas para que sean ellas mismas las que acompañen a otras parejas”.