28 de enero de 2019
JMJ 2019

Las jornadas de Panamá

Jueves. El Papa está aquí, en Panamá, y la ciudad ha despertado hoy con la conciencia de que la larga espera ha llegado a su fin y el momento del encuentro ha llegado.

En las catequesis de la mañana, los jóvenes sintieron la alegría de estar aquí, el deseo de prepararse bien, de estar listos para el encuentro con el Papa Francisco.

¿Dónde está el Papa Francisco? En el encuentro con el Presidente de Panamá, luego con el cuerpo diplomático, con los obispos centroamericanos, con varios líderes religiosos... y finalmente, por la tarde, la multitud se reúne en el Cinturón Costero - 250.000 personas, muchísimos colores, muchísimas banderas - para dar la bienvenida al Santo Padre, escuchar el saludo y los agradecimientos de Mons. Ulloa, Arzobispo de Panamá, y finalmente escuchar las palabras del Papa.

"Pedro y la Iglesia caminan con vosotros y queremos deciros que no tengáis miedo, que sigáis adelante con esta energía renovadora y este deseo constante que nos ayuda y nos estimula a ser más alegres y disponibles, más testigos del Evangelio" - dijo el Papa Francisco. Y, recordando el reciente Sínodo sobre la Juventud: "Queremos encontrar y despertar junto con vosotros la continua novedad y juventud de la Iglesia, abriéndonos a un nuevo Pentecostés".

Un saludo, todos juntos, al Papa Benedicto XVI; la memoria de los santos que acompañan a los jóvenes en el camino de esta JMJ, especialmente San Juan Pablo II y San Oscar Romero, una fuerte invitación a la unidad, al amor mutuo: “Queridos jóvenes: Lo más esperanzador de esta Jornada no va a ser un documento final, una carta consensuada o un programa a ejecutar. No, eso no va a ser. Lo más esperanzador de este encuentro serán vuestros rostros y una oración. Eso dará esperanza. Con la cara con la cual vuelvan a sus casas, con la oración que aprendieron a decir con el corazón cambiado. Cada uno volverá a casa con la fuerza nueva que se genera cada vez que nos encontramos con los otros y con el Señor, llenos del Espíritu Santo para recordar y mantener vivo ese sueño que nos hace hermanos y que estamos invitados a no dejar que se congele en el corazón del mundo: allí donde nos encontremos, haciendo lo que estamos haciendo, siempre podremos levantar la mirada y decir: Señor, enséñame a amar como Tú nos has amado —¿se animan a repetirlo conmigo?—. Señor, enséñame a amar como Tú nos has amado”.

Y nosotros repetimos una vez más: “Señor, enséñame a amar como tú nos has amado”. Y en este amor la fiesta continúa.

 

Viernes. ¿Marginalizar, separar y aislar resolverá mágicamente todos los problemas? No, dice el Papa Francisco, contaminamos nuestras vidas, nos hacemos incapaces de reconocer a un hermano en el otro, levantamos muros. El sufrimiento se multiplica.

Las JMJ siempre han ofrecido a los jóvenes una jornada de reflexión sobre el sufrimiento y la cruz, y por primera vez un Papa celebra la liturgia penitencial en una prisión, la cárcel de Las Garzas de Pacora en Panamá, un centro de reclusión para jóvenes delincuentes. Después de un breve e inesperado encuentro con alrededor de 500 peregrinos cubanos presentes en las JMJ –es la primera vez que son tan numerosos-, el Santo Padre llega a Pacora y, antes de nada, se acerca a estos muchachos que ya acarrean sobre sí el peso de la vida. Luego recuerda que "Jesús rompe la lógica que separa, excluye, aísla y divide falsamente entre buenos y malos" y "lo hace creando vínculos capaces de permitir nuevos procesos".

El Viernes Penitencial continúa con el Vía Crucis hasta el Campo Santa María la Antigua en la Cinta Costera. Estación tras estación, se recuerda una de las "plagas" que hieren al continente americano. El grito de los pueblos indígenas, las heridas infligidas a la Madre Tierra, los difíciles procesos de paz y reconciliación, el terrorismo mundial. La oración de los emigrantes ha sido confiada a los jóvenes de Venezuela. "Aún hoy podemos escuchar los pasos de aquellos que no sólo lo han perdido todo, sino que además ven las fronteras y las puertas cerradas ante ellos. Las fronteras que delimitan los países se convierten en coronas de espinas agudas y amenazantes, en desprecio y rechazo de muchos hermanos". Finalmente, el Papa se une a la voz de los jóvenes. También enumera los rostros de los dolores en los que se prolonga hoy la cruz. Indica a María como modelo. La mujer fuerte y valiente. La mujer que no se ha doblegado ante el dolor. De María - dice el Papa - los jóvenes de hoy pueden aprender a ser aquellos que “no se quedan callados ante una cultura de maltrato y abuso”; a ser los que acogen y reciben a todos aquellos que "han tenido que abandonar o perder su tierra"; a pararse junto a la cruz, no con un corazón blindado y cerrado, sino con un corazón que “sabe acompañar con ternura". Y la Cruz se convierte en luz.