21 de septiembre de 2022
Discapacidad

“Nosotros, no ellos”, el Sínodo como vía para la inclusión de las personas con discapacidad

Los frutos de la sesión de escucha sinodal han sido entregados al Papa
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Hoy, al final de la Audiencia General, algunas personas con discapacidad se han reunido con el Santo Padre y le han presentado los frutos más significativos de la sesión especial de escucha sinodal en la que han participado en los últimos meses.

El pasado mes de mayo, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, de acuerdo con la Secretaría General del Sínodo, invitó a algunos fieles con discapacidad a participar activamente en el camino sinodal aportando su contribución a través de un diálogo abierto con la Santa Sede. Se trata de personas procedentes de los cinco continentes que representan a las conferencias episcopales y a las asociaciones internacionales y que, en muchos casos, ya habían participado en las consultas sinodales a nivel diocesano.

Tras una reunión en línea que dio inicio al proceso, se invitó a cada persona a enviar un texto escrito propio, a partir de la pregunta fundamental del Sínodo sobre la sinodalidad. En estos días, un equipo representativo de todos los participantes en la sesión de escucha se ha reunido en Roma para entregar la síntesis de los trabajos a la Secretaría General del Sínodo.

Esta iniciativa se inscribe en la reflexión que el Dicasterio lleva a cabo desde hace unos dos años sobre la inclusión de las personas con discapacidad y su plena participación en la vida de la Iglesia: para una institución llamada a ocuparse de los fieles laicos, no se trata simplemente de un nuevo campo de acción pastoral, sino de la afirmación -decisiva- de que la vocación bautismal es verdaderamente para todos, sin exclusiones.

El camino sinodal ha resultado ser un momento especialmente propicio para responder a la cuestión fundamental que los fieles con discapacidades plantean a la vida de la Iglesia: la plena inclusión en la vida del Pueblo de Dios.

Para lograrlo, como se desprende del trabajo de estos meses de consulta, hay que dar algunos pasos concretos. En primer lugar, un cambio de mentalidad que lleve a decir "nosotros, no ellos" cuando se habla de las personas con discapacidad; reconocer -como ha hecho recientemente el Papa- que existe un verdadero "magisterio de la fragilidad"; trabajar para que nuestras comunidades eclesiales sean accesibles, tanto en lo que se refiere a la eliminación de las barreras arquitectónicas como a permitir la participación de las personas con discapacidades sensoriales o cognitivas; reafirmar que "nadie puede negar los sacramentos a las personas con discapacidad"; entender que la discapacidad no está inevitablemente ligada al sufrimiento y que las sociedades y la Iglesia pueden hacer mucho para evitar discriminaciones innecesarias.

Por otra parte, el camino del Sínodo ha sido una oportunidad para que los fieles con discapacidad que lo recorrieron comprendieran más profundamente cómo, para vivir la vida en plenitud, es necesario no considerarse sólo como una persona necesitada sino, como todos, llamada a darse a los demás: «no podemos limitarnos a luchar por la justicia y la inclusión para nosotros mismos».

Asimismo, en esta perspectiva, surgió la petición de que al menos una persona con discapacidad pueda participar en los trabajos del Sínodo sobre la Sinodalidad.

Al entregar la síntesis al Papa, uno de los participantes le dijo: "Le damos las gracias porque el Sínodo nos ha dado la oportunidad de hacer que la Iglesia sea aún más inclusiva". El Santo Padre respondió: "¡Soy yo quien os da las gracias! Por favor, seguid rezando por mí".