27 de marzo de 2017
El Papa en Milán

Como uno más de la familia

Las palabras más hermosas del Papa Francisco en Milán sobre la familia y los niños

El Papa, al regresar de su visita a Milán, dio las gracias, con palabras espontáneas y afectuosas, a los milaneses por su calurosa acogida: “¡Realmente me he sentido como en casa! Y esto me ha pasado con todos: Creyentes y no creyentes”. Muchas gracias queridos milaneses y os diré algo; he comprobado que es verdad lo que dicen: “¡En Milán se recibe con el corazón en la mano!¡Gracias!”.

Durante la intensa jornada de visitas, el Papa Francisco en repetidas ocasiones, en sus discursos, hizo referencia a la familia (acompañó estas palabras con gestos cariñosos al visitar algunas familias de las llamadas "Casas Blancas" del barrio Forlanini). He aquí algunas de sus expresiones.

“Es un gran regalo para mí: entrar en la ciudad encontrando los rostros, las familias, una comunidad”.

“El diaconado es una vocación específica, es una vocación familiar que llama al servicio ... Una vocación que al igual que todas las vocaciones no es sólo individual, sino que se vive dentro de la familia y con la familia; dentro del Pueblo de Dios y con el Pueblo de Dios”.

"No existe ninguna vocación eclesial que no sea familiar”.

 "Se especula hoy sobre la vida, sobre el trabajo, sobre la familia. Se especula sobre los pobres y sobre los marginados; se especula sobre los jóvenes y sobre su futuro. Todo parece reducirse a cifras, dejando, por otro lado, que la vida cotidiana de tantas familias se tiña de precariedad y de inseguridad…Nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo es posible vivir la alegría del Evangelio hoy dentro de nuestras ciudades? ¿Es posible la esperanza cristiana en esta situación, aquí y ahora? Estas dos preguntas tocan nuestra identidad, la vida de nuestras familias, de nuestros países y de nuestras ciudades. Tocan la vida de nuestros hijos, de nuestros jóvenes y exigen de nuestra parte un nuevo modo de situarnos en la historia. Si siguen siendo posibles la alegría y la esperanza cristiana no podemos, no queremos, permanecer ante tantas situaciones dolorosas como meros espectadores que miran al cielo esperando que “deje de llover”. Todo lo que sucede exige de nosotros que miremos al presente con audacia, con la audacia de quien conoce la alegría de la salvación que toma forma en la vida cotidiana de la casa de una joven de Nazaret".

"Los niños nos miran constantemente. No se imaginan la angustia que siente un niño cuando los padres pelean. ¡Sufren! [aplausos]. Y cuando los padres se separan lo pagan los hijos [aplausos]. Cuando se trae un hijo al mundo, se ha de tener conciencia de esto. Ustedes deben asumir la responsabilidad de hacer crecer en la fe a este hijo. Les ayudará mucho leer la exhortación Amoris Laetitia, sobre todo los primeros capítulos sobre el amor, el matrimonio. El capítulo cuatro es clave. No se olviden ... cuando ustedes pelean los niños sufren y no crecen en la fe [aplausos]. Los niños conocen nuestras alegrías, nuestras tristezas y preocupaciones. Consiguen captar todo y como son muy intuitivos, sacan sus propias conclusiones y enseñanzas. Saben cuando les hacemos trampas o cuando no. Lo saben, son muy listos. Por eso, una de las primeras cosas que les digo a ustedes es, cuídenlos, cuiden el corazón de sus hijos, cuiden sus alegrías y esperanzas".

"En varios países, muchas familias tienen la costumbre de ir a Misa juntas, después van a un parque y llevan a sus hijos a jugar juntos. Así la fe se convierte en una exigencia de la familia con otras familias, con los amigos, familias amigas… Esto es bello porque ayuda a cumplir con el mandamiento ‘santificarás las fiestas’".