02 de enero de 2017
El Papa a los Obispos

La alegría cristiana nace de una llamada a “tomar” y a cuidar la vida

¡No permitamos que se les robe la alegría a los niños! El Papa Francisco se dirigía personalmente a todos los obispos del mundo en el día en que la Iglesia conmemora a los Santos Inocentes, los niños, menores de dos años, que Herodes ordenó asesinar esperando así matar al niño Jesús. Es una invitación a no edulcorar la alegría de la Navidad – una tentación muy presente, según el Papa Francisco – que consiste en “hacer de la Navidad una linda fabula que nos generaría buenos sentimientos pero nos privaría de la fuerza creadora de la Buena Noticia que el Verbo Encarnado nos quiere regalar”.

El Papa recordó que los evangelistas “no se permitieron” realizar un discurso «bonito» pero irreal. La Navidad está envuelta en una “tragedia de dolor”. Vivirla hoy, por lo tanto, significa no olvidar el llanto de los niños, especialmente de aquellos pequeños cuya inocencia es fagocitada por el trabajo clandestino y esclavo, por la prostitución y la explotación, por las guerras y la emigración forzada, por las pandillas, mafias, y mercaderes de la muerte. El Santo Padre hizo hincapié a continuación en el flagelo de la pedofilia dentro de la Iglesia definiéndola como un “pecado que nos avergüenza” e invitó a hacer nuestra “la consigna «tolerancia cero» en este asunto”.

De cara a todo esto, surge la vocación de todos los pastores “de custodiar la vida y ayudarla a nacer y crecer”. Es una invitación a proteger la alegría de la Navidad y a vivirla en la realidad, por muy dolorosa que sea, que el mundo vive.

José, que escuchó al ángel, y defendió la vida del niño Jesús, y María, madre de ternura , son nuestros guías en este camino que ayuda a redescubrir la dimensión auténtica de la Navidad y a no dejarnos robar la alegría.