05 de junio de 2017
Movimientos Eclesiales

Por una Iglesia siempre “carismática”

El Santo Padre presidió la vigilia ecuménica que conmemoró el 50° aniversario del nacimiento de la Renovación Carismática Católica. La homilía del cardenal Farrell durante la Misa de reconciliación.

El Papa Francisco,  en el Circo Máximo, dio las gracias a todos los presentes, por el testimonio que dieron al asistir al encuentro con motivo del Jubileo de oro de la Renovación Carismática Católica, celebrado el sábado por la tarde, 3 de junio, víspera de Pentecostés. “¡Nos hace bien a todos, también me hace bien a mí, a todos!”, dijo en la introducción de su discurso después de la intervención del predicador de la Casa Pontificia, el Padre Raniero Cantalamessa, y del pastor pentecostal Giovanni Traettino.

El Santo Padre invitó personalmente a la RCC a celebrar, en Roma, el cincuenta aniversario de su fundación, y deseó igualmente que este encuentro fuese ecuménico, abierto a los cristianos de otras confesiones. Es por este motivo que, junto a él, a los responsables de la organización del evento y a los testigos de los primeros tiempos de esta “corriente de gracia”, también estaban trescientos delegados de iglesias cristianas que viven la experiencia “carismática”. “Obra que nació... ¿católica? ¡No! - dijo el Papa - ¡nació ecuménica! Nació ecuménica porque es el Espíritu Santo el que crea la unidad y ¡es el mismo Espíritu Santo el que  dio la inspiración para que esto fuese así”.

Recordar los orígenes, por lo tanto, es para el Santo Padre la tarea a la que está llamada toda la Renovación, y lo que la Iglesia espera de esta “corriente de gracia” es “compartir con todos... el Bautismo en el Espíritu Santo, alabar al Señor sin cesar, caminar junto a los cristianos de las diversas Iglesias y comunidades cristianas en la oración y acción por los más necesitados ... Servir a los pobres y enfermos”.

La vigilia ecuménica con el Santo Padre fue precedida, el día anterior, por una celebración eucarística por la reconciliación presidida por el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Él, en su homilía, destacó el bien que la RCC ha hecho y está haciendo a la Iglesia.

La comunión necesaria para vivir como verdaderos cristianos, “la vida de Cristo en nosotros”, que se concretiza en la comunión con los pastores, con la vida de las diócesis y de la parroquia, entre todos los grupos carismáticos y los otros movimientos, es la cosa más necesaria para que “la Iglesia entienda cada vez más a la RCCR y la RCCR ayude realmente a la Iglesia a ser y a permanecer 'carismática'”.