22 de febrero de 2017
Papa Francisco

El Papa Francisco en Ponte di Nona: respuestas sencillas a los grandes “por qué” de los niños

“¿Por qué te has convertido en Papa?”, “¿cuál ha sido el momento más difícil de tu vida?”, “¿cómo se siente al ser el representante de la Iglesia católica?”. Son algunas de las preguntas que los niños de la comunidad de Santa María Josefa del Corazón de Jesús en Castelverde de Lunghezza hicieron al Papa Francisco el domingo 19 de febrero.

En el pequeño teatro de la pequeña parroquia suburbana, al Este de Roma, el Papa Francisco reveló los “secretos” del cónclave, contó algunos detalles de su vida personal, explicó el papel del obispo de Roma y abordó, gracias a una catequesis dialógica y atractiva, algunos de los más grandes misterios de la fe cristiana.
“¿Por qué te has convertido en Papa?” Es la primera pregunta, de Alessandro: “Hay “culpables””, respondió bromeando y, señalando al cardenal vicario Agostino Vallini, continuó:”¡Uno de los culpables es este!”. Luego, partiendo de la dinámica del cónclave y de los detalles de la clausura, de la votación y del quórum, el Papa Francisco llegó al meollo de la cuestión: “¿Quién es la persona más importante en el grupo del Papa? ¡Pensadlo bien!”. Y, al niño que dio la respuesta correcta (“¡Dios!”), le explicó: “Es Dios, el Espíritu Santo, quién por medio de la votación elije al Papa. Entonces, el que es elegido, tal vez no sea el más inteligente, tal vez no sea el más espabilado, tal vez no sea el más rápido en hacer las cosas, pero es el que Dios quiere para este tiempo de la Iglesia. ¿Entendéis?”.
Seguidamente, el Santo Padre habló sobre su vida personal, recordó que cuando era niño quería ser carnicero y que uno de los momentos más difíciles de su juventud fue cuando, a los veinte años, estuvo a punto de morir a causa de una enfermedad. Acto seguido añadió una enseñanza para todos: “Hay y habrá siempre dificultades en la vida, pero no hay que asustarse. ¡Las dificultades se superan, se sigue adelante, con fe, con fuerza, con valor!”.
Una vez que se hubo despedido de los niños, el Papa Francisco se dirigió a las salas donde le esperaban algunos enfermos y familias con sus niños recién nacidos. Los más pequeños, especialmente, capturaron una vez más su atención: a uno de ellos le explicó que los colores de los solideos eran diferentes para un Papa, un cardenal o un obispo; otro le dio un dibujo y un caramelo.
Después de unos minutos, el Papa entró en el “cuartel general” del grupo de Caritas, y se dirigió a sus miembros diciendo: “Pensad en esto: Cuando una persona viene a pedir ayuda, una señora o un señor, o cualquier persona, esa persona es Jesús. Porque también Jesús tuvo que pedir ayuda cuando era un refugiado en Egipto”. El Papa Francisco les invitó a no hacer diferencias entre buenos y malos, entre creyentes y no creyentes: “Este paquete se lo doy a Jesús y esta sonrisa se la doy a Jesús. Este es vuestro camino de santidad. Si hacéis así, seréis santos”.