12 de mayo de 2017
Libros

Sexualmente liberados (casi)

El ensayo de Thérése Hargot, un análisis laico sobre la afectividad (no del todo) perdida

A la raíz hay una pregunta. ¿Qué hemos hecho de la liberación sexual conquistada en los años sesenta? Este es el punto de partida de la investigación de Thérése Hargot, sexóloga belga de 33 años licenciada en Filosofía y especializada en Ciencias Sociales en la Sorbona, que dio lugar al libro "Una juventud sexualmente liberada (o casi)", el primer libro publicado en Italia de la terapeuta y profesora que vive en París y que ha conmocionado a Francia con su ensayo. Se trata de una obra que por un lado puede resultar dramática, pero que al mismo tiempo refleja la realidad de la sexualidad de los adultos y sobre todo de los jóvenes.

El tour de Thérése Hargot hizo una parada en Roma el día de la Fiesta de la mujer, y la presentación del libro, en Largo di Torre Argentina, contó con la presencia de la periodista católica Constanza Miriano y Alessandra Di Pietro, que se autodefine como "periodista, feminista y biofila". En el diálogo entre las tres mujeres fueron abordados los temas más diversos, desde la anticoncepción hasta las cuotas femeninas, pasando por la pornografía y la sexualidad precoz para llegar a la igualdad de género, un espejismo en un período de aparente libertad para las mujeres. "De hecho – dijo Hargot, cuyo punto de vista es puramente laico - la supuesta revolución de hace treinta años nos ha llevado de una obediencia a otra, donde la mujer sigue siendo una esclava". En lo que respecta a la tan enarbolada anticoncepción hormonal: "¿Por qué motivo hemos de correr el riesgo de una enfermedad cardiovascular al introducir en nuestro cuerpo una píldora que es, entre otras cosas, también perjudicial para el medio ambiente, ya que deriva de procesos de síntesis realizados en laboratorios?". Además, la anticoncepción hormonal y la consiguiente posibilidad de "programar" la maternidad han cambiado profundamente el enfoque psicológico de las mujeres embarazadas, tanto es así que "optar por tener un niño conlleva el hecho de esperar tener hijos perfectos y pretender ser madres impecables. Hubieras podido abortar, sin embargo has decidido tenerlo, por la tanto tienes el deber de ser una buena madre. No puedes decir que estás cansada, o que es difícil. Si tu hijo tiene un problema, el problema es tuyo porque podías no tenerlo, y sin embargo lo has tenido. Una tal anticoncepción ¿responde a los deseos de las mujeres de hoy en día? Creo que se necesitan alternativas".

En este sentido, algunas vertientes feministas no han cumplido con sus promesas a las mujeres, y han elaborado un modelo de emulación, continuó Hargot, "según el cual hemos de trabajar, ganar y vivir exactamente como los hombres, convirtiéndonos en pálidas copias de los hombres en vez de exaltar y valorizar nuestras maravillosas particularidades: por desgracia es lo que sucede cuando el feminismo va de la mano con el liberalismo, el cuerpo femenino se convierte en capital y pierde su identidad".

La causa de las mujeres, según la opinión de la sexóloga, "no necesita tanto las cuotas femeninas" como "el replanteamiento del mundo laboral, la valorización del tiempo parcial, por ejemplo, y la transición de la concepción lineal a la cíclica del itinerario profesional". Sólo así se evitarían los cortocircuitos que llevan a los jóvenes a esperar primero tener un trabajo y luego una casa antes de pensar en un hijo, “y si no llega el niño siempre se puede recurrir a la inseminación artificial o a buscar una madre de alquiler. Todo esto es absurdo. Nuestro cuerpo no es una moneda de cambio, pero para que esto no sea así se necesita un nuevo modelo de sociedad dónde el dinero no sea lo primero de todo”. Tampoco hay que caer en la "moral de consenso": "La sexualidad es el lugar donde buscamos una respuesta a las preguntas de nuestra existencia. Nos conformamos al deseo del otro con la esperanza de sentirnos amadas. Regateamos con nuestra libertad para confirmar nuestra pareja, un contexto que realmente puede llegar a ser peligroso si cada uno de sus miembros no ha construido su propia identidad: la pareja feliz - concluyó - se compone de dos célibes felices".