23 de agosto de 2018
Encuentro mundial de las familias

Card. Blase Cupich (Chicago), “La dignidad y la belleza del amor sexual: encontrar un nuevo lenguaje para verdades antiguas

Nuestra sociedad nos ha acostumbrado a una visión egocéntrica del amor sexual. Pero, como escribe el Papa Francisco en Amoris Laetitia, “la sexualidad no es un recurso para gratificar o entretener, ya que es un lenguaje interpersonal donde el otro es tomado en serio, con su sagrado e inviolable valor”;  esta es la sexualidad que nos conecta más allá de nosotros mismos. (Amoris Laetitia n.151). Nos lo recordaba el card. Blase Cupich (Chicago), en la segunda sesión del congreso pastoral celebrado en Dublín con ocasión del Encuentro mundial de las familias (21-26 de agosto). “Es una gran ironía -comenta el arzobispo de Chicago- que la llamada sexualidad libre de una gran parte de la cultura contemporánea, de hecho, restrinja y aísle a quienes la practican”. La sexualidad y el eros están íntimamente relacionados, recuerda Cupich. "El amor sexual que impulsa a las personas a salir de sí mismas está marcado por una dignidad y una belleza incomparables - subraya -. Por otro lado, el erotismo desvinculado, porque aísla y dificulta nuestra capacidad de conectar con los demás, nos priva de la libertad de ser completamente humanos". A continuación, citó al Papa Benedicto XVI, quien en “Deus caritas est”, recuerda que existe un proceso para crecer como seres sexuales sanos y equilibrados. “Se trata de la integración - explica el Card. Cupich -. No es ni el espíritu ni solamente el cuerpo por separado el que ama: es el hombre, la persona, la criatura unificada compuesta de cuerpo y alma, quien ama”. ¿Cómo, entonces, podemos avanzar por este camino de integración del cuerpo y del alma, para que el amor sexual sea verdadero, digno y hermoso? La respuesta a esta pregunta el arzobispo de Chicago la encuentra una vez más en "Amoris Laetitia". Hay tres elementos que, a partir de la Palabra de Dios, señala el Papa Francisco, "pueden llevar al amor sexual hacia su auténtico objetivo, que es, en definitiva, la comunión vital con Dios y con los demás".

Los tres elementos son comunicación, moderación y misión. A continuación, pasa a citar varios testimonios que afirman que la comunicación es "el ingrediente más importante en un matrimonio exitoso o en la curación de una relación conyugal que ha sido herida". Un pensamiento que encuentra su fundamento en el Cantar de los Cantares. "El amado y la amada - subraya - antes de compartir sus cuerpos, comparten sus deseos. Su palabra, su deseo recíproco los pone en comunicación. Esto es muy importante en un mundo donde la sexualidad puede degenerar en explotación, en ejercicio de auto-gratificación, que el Papa Francisco compara justamente con la violencia y la manipulación (AL ns. 153-157)". Así pues, "las parejas que no tienen miedo de comunicar explícitamente sus deseos recíprocamente abren el camino a la comunión", a través de una "comunicación marcada por la escucha honesta y atenta". "En la pornografía - observa el card. Cupich - no hay comunicación recíproca, no hay deseo compartido y no se da ningún movimiento hacia la comunión. De hecho, prevalece exactamente lo contrario. Las personas están siendo conducidas a un aislamiento opresivo”. En la historia de la espiritualidad y la teología cristiana, la "concupiscencia" se ha asociado al deseo negativo o pecaminoso. Este concepto fue redefinido por el teólogo jesuita alemán Karl Rahner. “Nos ha ayudado a entenderlo como un deseo espontáneo - explica el card. Cupich - . Según Rahner, la concupiscencia es nuestra tendencia espontánea a "alcanzar y aferrar" cualquier cosa para nosotros mismos. También pueden darse distorsiones de la concupiscencia, particularmente en el ámbito de la sexualidad, especialmente si en lugar de ponernos en comunión con otro, se convierte en un ataque egoísta para nuestra gratificación”.

Así, "la concupiscencia necesita redención, al igual que tantas otras dimensiones de nuestra vida. Esta es la obra de la gracia", señala Cupich, recordando cómo en "Gaudete et exsultate", el Papa Francisco nos pone en guardia contra la falsa ilusión de poder salvarnos sólo con nuestro esfuerzo humano. Aunque ha de quedar claro que también es necesaria la colaboración humana libre con la gracia de Dios". En Amoris Laetitia (n. 148), el Papa Francisco ofrece algunos consejos útiles sobre la formación y la moderación en materia de amor sexual. El card. Cupich también recuerda que el hombre necesita entrenarse en la moderación no sólo en lo que se refiere a la actividad sexual. "Hay realidades como la de ser aficionados a los deportes o a un hobby o a una forma de entretenimiento que aísla a las personas y que pueden invadir la vida familiar - observa -. Piensa, por ejemplo, en tu teléfono. Estas formas individuales de placer y entretenimiento pueden impedir la comunicación y, por lo tanto, también han de fijarse límites. De esta manera, parte del lenguaje que defiende la dignidad y la belleza del amor sexual será inevitablemente un lenguaje de moderación, entrenamiento o formación”. El tercer concepto, el de misión - que es un concepto "público" - parece de hecho chocar con el concepto de "sexualidad", que es un concepto reservado a la esfera íntima y privada de la pareja. Pero es precisamente ese amor íntimo y privado el que, según el arzobispo de Chicago, "afianza y estimula a los esposos en su relación, para que sean testimonio de todo lo que el amor puede obrar en el mundo y cómo éste es fuente sacramental para diversas formas de comunión humana". Es, pues, en el testimonio público de los frutos que el amor obra en el mundo, donde se manifiesta la "misionariedad" del amor sexual. "El amor sexual - comenta el card. Cupich - tiene una misión en el mundo. Una misión que contribuye a la dignidad y belleza del amor sexual conyugal”. Recordando el himno a la Caridad de San Pablo, retomado por el Papa Francisco en el capítulo cuarto de Amoris Laetitia, el card. Cupich señala que “el amor conyugal y familiar tiene una misión y se convierte en una fuerza formadora en el mundo. Sus raíces están profundamente arraigadas en el amor de Dios y en el amor sexual apasionado de las parejas casadas. Muchos son, para el arzobispo de Chicago, los horizontes que Amoris Laetitia partiendo de los conceptos de comunicación, moderación  y misión abre para reflexionar sobre el amor sexual de las parejas casadas. "Ciertamente -concluye- no es el lenguaje de los comentaristas seculares sobre la sexualidad. Es, sin embargo, un lenguaje que se inspira en las fuentes de la fe, especialmente en las extraordinarias palabras de Jesús: Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.