23 de agosto de 2018
Encuentro mundial de las familias

Carolyn Y. Woo, “Fe, familia y desarrollo: el testimonio de las mujeres en puestos de responsabilidad”

¿Qué rostro tiene el liderazgo de una mujer? Nos lo describe Carolyn Y. Woo, presidente de la Catholic Relief Services, al hablar el segundo día del congreso pastoral celebrado en Dublín con ocasión del Encuentro mundial de las familias (21-26 de agosto). Su contribución, profundamente arraigada en la cultura china en la que nació y creció, se basa en tres historias de mujeres. "La primera historia es sobre las mujeres de mi familia", dice, "casi siempre, cuando hablamos de liderazgo, pensamos sólo en términos de progreso profesional. Mi madre me enseñó que el liderazgo es el empeño que una pone en su familia y en su matrimonio. Creo que la familia es el primer y más importante campo en el que cultivar el liderazgo”. Woo narra la historia de las mujeres de su familia empezando por su abuela, nacida hace 130 años en China "cuando la tortura de la práctica de atarse los pies era considerada absolutamente necesaria para cualquier chica que quisiera casarse bien”. Cuando nace la madre de Woo, su abuela se asegura de que su hija sea educada e instruida por un tutor, que le enseñase a leer. Los padres de Woo se casaron antes de los años 40. "Un matrimonio organizado por mis abuelos - cuenta la presidente de la Catholic Relief Services - Mis padres se conocían poco, se habían visto en pocas ocasiones sin escolta y ambos estaban bajo presión porque tenían que casarse. Para mamá y papá, escapar al interior de China parecía la mejor alternativa. A pesar de que tenían muy poco en común, aparte de sus seis hijos”. Woo explica que, en la cultura china de la época, lo importante era tener dos hijos varones: "un heredero y uno de reserva". "Después de cuatro hijas y sólo un hijo -recuerda- el plan de mi padre era tomar una segunda esposa (permitido por la ley), si el quinto hijo hubiera sido otra mujer. Y llegué yo. Afortunadamente, 18 meses después llegó un hermanito y mi padre no se casó por segunda vez”. El matrimonio de los padres de la presidente de la Catholic Relief Services no fue "feliz" según los estándares occidentales. "Mi padre siempre ha tomado todas las decisiones más importantes y siempre ha alzado la voz con mi madre -recuerda-. Mi madre, con su escasa educación y en un mundo como Hong Kong muy diferente al de la China de antes de la guerra, hizo todo lo posible para hacer frente a la situación. Perfeccionó sus extraordinarias habilidades de costura para crear vestidos occidentales para sus hijas. Hizo la cola para asegurarse de que estuviéramos matriculados en las mejores escuelas católicas, aunque sabía poco de religión. Con mi tía, estableció un sistema de ahorro para que pudieran acceder a fondos de emergencia y pequeños fondos de inversión. Mi madre no era fuerte exteriormente: a menudo era tímida con las cosas nuevas y la burocracia. Sin embargo, su presencia, los rituales estacionales, las historias de nuestros antepasados, la delicadeza de nuestros alimentos favoritos nos han hecho sentir como una familia y, como tal, podríamos superar cualquier dificultad, incluyendo el ataque al corazón de mi padre y los altibajos de las finanzas. En los momentos difíciles, mi madre se volvía hacia la imagen de la Virgen, derramaba sus preocupaciones sin hablar y encontraba consuelo". De su madre Woo aprendió la importancia de la educación y, más aún, la importancia de sentirse en familia y la fuerza que puede dar el formar parte de una familia. "Ella me enseñó a ser humilde", recuerda, "antes de irme al extranjero a la universidad, me dijo que nunca fuese demasiado orgullosa para tomar una escoba y barrer el suelo si era necesario”. De su madre, Woo recibió su primera lección de liderazgo: cuidar el hogar y la familia, donde encontramos fortaleza, sentido de pertenencia, devoción y esperanza. “La segunda historia de liderazgo es sobre mi niñera - continúa Woo - que vino a trabajar para nuestra familia y ayudó a mi madre a cuidar a los niños ocho años antes de que yo naciera. Permaneció allí durante setenta años, hasta que murió el pasado mes de febrero. Tenía 100 años. Al igual que muchos niños trabajadores, la niñera fue vendida a la edad de ocho años para que sirviera como niña en el servicio. Aprendió a leer y escribir mientras escuchaba las lecciones para los hijos de su patrón. Aunque era una mujer extraordinariamente bella, mi niñera rechazó las propuestas de matrimonio que recibió para poder seguir enviando su salario a su madre, que quedó viuda y tenía que cuidar de tres hijos más”. En casa se establecen pequeños acuerdos entre la pequeña Woo, su madre y la niñera. "Ella me tenía que preparar con un uniforme perfectamente planchado, trenzas perfectas y una cajita con un paño para secar –cuenta.- Por mi parte, tenía que traer una pegatina de conejo con la que la escuela premiaba el trabajo bien hecho. Un año de conejitos me llevó a recibir mi premio académico”.  Woo recuerda cómo su niñera "tenía un sentido agudo del bien y del mal y pronunciaba sus verdades suave pero firmemente”. "En su trabajo era una perfeccionista", continúa, "era su manera de cumplir con sus responsabilidades. Antes de hacerse católica en los años noventa, se arrodillaba en la cocina, frente a la ventana, al comenzar su día, dando gracias al cielo y a la tierra. Los amigos de mis padres también tenían un lugar importante en su corazón. De su pobreza material adquirió una gran riqueza de espíritu. Como muchas mujeres, era un líder sin título, sin poder formal, riqueza o reconocimiento. Pero todos los que conocieron a mi niñera mejoraron, aprendieron cosas nuevas y se sintieron conmovidos por su generosidad e integridad”. La tercera historia de liderazgo de Woo tiene que ver con las Hermanas Maryknoll, donde estudió la presidente de la Catholic Relief Services. Fundada hace más de un siglo, la Congregación de las Hermanas Maryknoll fue la primera congregación misionera estadounidense de religiosas. "De ellas aprendí no sólo inglés y literatura, sino también el pensamiento y la habilidad de imaginar un futuro diferente al de nuestras madres - dice Woo - aprendimos a sostener nuestras ideas públicamente con confianza y convicción y se nos animó a reconocer y cultivar nuestros talentos”. Woo recuerda cómo las hermanas prepararon a las niñas no sólo "para el éxito profesional, sino especialmente para ayudarlas a elegir su vocación y perseguir intereses que les dieran un objetivo en la vida". "Creo que más que el éxito profesional - comenta Woo - el éxito de las mujeres debe medirse por lo mucho que somos capaces de perseguir nuestros dones, utilizarlos, participar en el proceso de toma de decisiones y ser apreciadas por estas contribuciones". Las hermanas de Maryknoll han enseñado a Woo la fe y la alegría que de ella se deriva. "He aprendido de ellas el poder de la fe", enfatiza, "Las hermanas nunca han tenido todo lo que necesitaban para comenzar sus proyectos, pero esto nunca las ha detenido. Cuando necesitaron nuevos fondos para abrir una nueva escuela y las subvenciones no llegaban, no se desanimaban: dejaban el transporte público y se desplazaban a pie". "De ellas -concluye- aprendí la alegría de servir a las personas y a Dios. En cualquier momento de la vida, que vivían como parte de una familia, nunca perdieron la esperanza y siempre estuvieron alegres y felices, y esto porque tenían un profundo sentido de la presencia de Dios. La guía para la obra de Dios no puede ser sin Dios. Y con Dios hay amor, el poder de mover corazones y la alegría que nos hace avanzar”.