16 de mayo de 2018
Santidad laical

El laicado cristiano: un pueblo para todos

El filósofo Alici: "Incluso los cristianos laicos, y no sólo los pastores, deben tener olor a oveja"

El filósofo Luigi Alici, ex presidente nacional de la Acción Católica Italiana, realizó, a finales de abril, una reflexión dirigida a las presidencias de A.C.I. sobre "Un pueblo para todos" (cf. N.6 de la exhortación "Gaudete et Exultate").

“En primer lugar, se reafirma el carácter comunitario de la salvación, orientado a acoger a la persona humana en su plena identidad, que es una identidad relacional, no individualista ni indiferenciada; nadie se salva solo". Además, el pueblo "no es una entidad amorfa en la que se ahoga la identidad personal: ésta es su deformación populista. El pueblo es, por el contrario, una comunidad humana articulada, constituida por un complejo tejido de relaciones interpersonales que deben ser reconocidas y promovidas según una pluralidad de formas participativas". De la exhortación del Papa Francisco surge un "carácter dinámico de la dimensión popular. Los pueblos nacen, crecen, envejecen, pueden enfermarse, morir o curarse como las personas. En definitiva, la dimensión popular pertenece al ADN del ser humano, siempre que se entienda de manera abierta, dinámica y universalmente inclusiva. Debemos hacer nuestra la invitación del Papa Francisco a no hablar del pueblo, sino a vivir una inmersión generosa en su tejido frágil y vital, donde los cristianos laicos, y no sólo los pastores, deben tener también olor a oveja”.

El profesor Alici volvió sobre el tema del "pueblo" a nivel histórico y cultural, a través de las corrientes de la Ilustración, el Romanticismo, el individualismo y el colectivismo marxista, hasta la Comunidad europea de hoy en día, que nos pone en “una encrucijada, como creyentes y ciudadanos, entre una sociedad anónima, al límite de lo impersonal, que predica la tolerancia y roza la indiferencia, o una comunidad cerrada, al borde del populismo, que predica la identidad y roza la intolerancia". Es severo el juicio del filósofo: "Dos modelos que a veces mezclamos de forma oportunista, hasta el punto de ser celosamente individualistas en la esfera privada y ferozmente moralistas en la esfera pública".