06 de agosto de 2018
Vida

La trasmisión de la vida humana

6 agosto 1978. Hace cuarenta años Pablo VI, ahora Beato y pronto (el próximo 14 de octubre) santo, volvió al Padre. El Papa del Concilio, pero también de la Humanae Vitae

Humanae Vitae es la encíclica de Pablo VI, cuyo 50 aniversario celebramos hace unos días (25 de julio). Un documento acompañado de fuertes contrastes y, sin embargo, reconocido como "profético" porque miraba hacia el futuro, pero sobre todo porque recordaba "el gravísimo deber de transmitir la vida humana, por el que los esposos se convierten en libres y responsables colaboradores de Dios Creador".

En la concepción humana, los padres son colaboradores de Dios Creador que enciende la chispa de la vida y llama a la existencia a una nueva persona humana. Por esta razón la concepción es un momento sagrado, porque implica la acción creadora de Dios mismo. La colaboración de los esposos es una gran tarea y una gran maravilla, porque el hombre y la mujer, unidos por el amor mutuo y total, ponen las condiciones para que se realice la acción creadora de Dios.

La doctrina contenida en la Encíclica, su visión antropológica, tan profundamente bíblica y a la vez tan natural, están por tanto inscritas en la misma Creación, en la relación conyugal entre el hombre y la mujer, esencialmente en la voluntad creadora de Dios y por eso no pueden cambiar con el tiempo ni hacerse históricas. La unidad entre el aspecto unitivo y el aspecto procreador ayuda al hombre y a la mujer a descubrir su fertilidad como pareja. El amor debe ser construido y renovado cada día.