12 de octubre de 2018
Ad limina

Escocia: una Iglesia unida ante los desafíos

En el transcurso de la visita ad limina a nuestro Dicasterio, los obispos escoceses compartieron la experiencia de una Iglesia local que no teme hacer oír su propia voz aunque ésta sea minoritaria.

700.000 católicos en una población de más de 5 millones. La Iglesia Católica en Escocia está presente y hace oír su voz en el debate público sobre temas tan sensibles como el fin de la vida, la investigación con embriones, la igualdad entre el matrimonio homosexual y el matrimonio entre un hombre y una mujer, el aborto, etc... Esta Iglesia ha sido muy probada ya que es el único baluarte en la defensa de los valores de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, el bien de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, la promoción de los cuidados paliativos y el acompañamiento digno de los moribundos contra la eutanasia y el suicidio asistido. En la opinión pública escocesa, estas cuestiones éticas se conocen como "cuestiones católicas". Conscientes de ser una voz en el desierto de una sociedad fuertemente secularizada y relativista, los obispos renuevan su firme determinación de no fallar en su misión de proclamar el Evangelio de Cristo, a pesar de las debilidades humanas. De hecho, con gran humildad, contaron cómo la Iglesia se ha sentido molesta por los escándalos de los abusos a menores, involucrando incluso a algunos líderes y cómo están subiendo la cuesta, restaurando la reputación y la autoridad, pero sobre todo, entretejiendo de nuevo pacientemente los hilos de la confianza con las familias.

Para este renovado desafío de la nueva evangelización de Escocia, los obispos describieron una Iglesia unida en la que laicos y clérigos asumen su propia misión con sentido de corresponsabilidad, cada uno por su parte. Esto no será posible sin la conversión de todos. Los clérigos deben superar el modelo cultural y social que siempre ha considerado al sacerdote como el único hombre que está a la cabeza de su propia Iglesia local. En cambio, la eclesiología de comunión pasa a ser una realidad concreta que se encarna en la vida y en las estructuras de las parroquias y diócesis. Sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que hoy en día la Iglesia escocesa sufre una verdadera escasez de sacerdotes.

Ante los desafíos actuales (elevada tasa de suicidios entre los jóvenes, adicciones de todo tipo, desempleo...), los laicos deben comprometerse con sus comunidades y también han de integrarse en el público con su identidad específica. Los laicos, las familias y los jóvenes están llamados a sentirse en misión, en el mundo, con la alegría del Evangelio en el corazón, haciendo uso audaz y creativo de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías para formarse y evangelizarse.

Los laicos ya pueden contar con la sólida preparación catequética que la Iglesia ofrece a través de una densa red de escuelas católicas. Si la fe católica ha sobrevivido en Escocia después de la reforma es debido principalmente a los padres, abuelos, que han sabido transmitir una fe sencilla pero firme a las nuevas generaciones. Hoy, sin embargo, muchos padres han abdicado de su papel de catequistas de sus hijos: ya no rezan en familia, van cada vez menos a misa todos juntos, los domingos. Por eso, los obispos son conscientes de la necesidad de reforzar la pastoral familiar y la formación de agentes para la misma, para que la familia vuelva a ser la primera guardiana de la fe y el centro de irradiación del Evangelio.

Para preparar a los que trabajan en el campo de la pastoral familiar, subrayó el cardenal Farrell, prefecto del Dicasterio, es necesario buscar un equilibrio entre formación y misión, entre catequesis y obra de evangelización. Los laicos necesitan no sólo una preparación intelectual, sino también redescubrir el espíritu misionero y el discipulado como connotaciones íntimas de la vocación cristiana bautismal.