24 de agosto de 2018
Dublín: Marco Brusati

El tiempo analógico en la era digital, un logro difícil pero no imposible

“La Sabiduría bíblica nos dice que “hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir (…) un tiempo para llorar y un tiempo para reír (…) un tiempo para callar y un tiempo para hablar” (Eclesiastés, 3). Este "tiempo para", es decir, el tiempo dedicado y finalizado, ¿todavía existe en el umbral de los años veinte del siglo XXI?”

Con esta pregunta Marco Brusati, profesor de la Universidad de Florencia en el máster "Publicidad Institucional" y director de la Hope Music School, abrió su intervención en el Congreso teológico pastoral de Dublín, en el panel sobre el tema "La familia que reza unida: encontrar tiempo para la oración en la era digital".

"Hoy en día -continuó- nos dirigimos hacia la difusión masiva de la realidad virtual (realidad sin realidad) y de la inteligencia artificial (la persona sin persona); mientras tanto, está llegando a su culmen la fase de difusión global de las tablets (Smartphones, Pads e hibridaciones), que, al funcionar sin cables de conexión, han logrado cortar el cordón umbilical que nos mantenía conectados a algo o a alguien. En esta situación, que está haciendo que las familias cristianas experimenten la crisis del proceso traditio - receptio - redditio, el tiempo ha pasado a ser digital y ya no analógico".

Seguidamente, Brusati enumeró las principales características de esta transformación:

“1) Hipertrofia del futuro: en el tiempo analógico hay un pasado que enseña (historia magistra vitae), un presente para vivir, un futuro para preparar y luego entregar; en el tiempo digital el pasado es anticuado e inutilizable ('lo que fue, fue'), mientras que el presente tiene valor como 'no presente', e incluso 'ya futuro' (mitología del progreso infinito).

2) Multitarea: En el tiempo analógico, las acciones se suceden de manera consecuente y jerárquica (por ejemplo, estudiar, aprender, aplicar los conocimientos en el trabajo); en el tiempo digital, las acciones ocurren simultáneamente de manera aleatoria y poseen igual valor (por ejemplo, responder a un chat durante un almuerzo familiar o de trabajo, o durante una celebración eucarística).

3) Fragmentación: el tiempo analógico es lineal (por ejemplo, en las religiones monoteístas), cíclico (por ejemplo, en las filosofías y/o religiones orientales) o espiral (por ejemplo, en el modelo Hegel-Marxiano); el tiempo digital se fragmenta en momentos no secuenciales y sin relación necesaria entre sí.

4) Expropiación: el tiempo analógico es para los que lo viven; el tiempo digital es para los que producen instrumentos y contenidos digitales, que dictan ritmos, necesidades y contenidos a nivel global".

Esta transición, añadió el experto, "también está teniendo consecuencias en la familia que busca tiempo para rezar.

He aquí algunas de ellas:  

1) Las oraciones tradicionales (así como la simple tradición) se consideran parte del pasado y no del presente;

2) Dificultad para comprender que la oración también necesita tiempos dedicados exclusivamente a ella;

3) dificultad para encontrar el sentido de la oración en relación con otras acciones y acontecimientos de la vida;

4) Los maestros del tiempo digital consideran que la oración es un acto irracional para los ingenuos".

En conclusión, para Brusati "el primer paso es comenzar a reapropiarse del tiempo de manera analógica, volver a tener 'un tiempo para', como indica la Sabiduría bíblica. Un camino difícil, pero no imposible".