27 de junio de 2018
Ad limina

Una familia en blanco y negro

Obispos de Uganda en visita ad limina

El pasado 22 de junio, los obispos de Uganda hicieron una parada en nuestro Dicasterio con ocasión de su visita ad limina a Roma. En el corazón del intercambio entre los prelados africanos y los superiores del Dicasterio estuvieron los temas de los jóvenes, la familia y las asociaciones laicales.

Uganda es un país muy joven, con casi el 78% de la población menor de 30 años y el 52% menor de 18 años. Si bien se trata de una fuente indiscutible de esperanza para el presente y el futuro de la nación, también es motivo de preocupación debido a los numerosos desafíos que enfrentan los jóvenes. De hecho, muchos años de sangrientos conflictos en el norte del país han marcado la vida de muchos niños soldados y alimentado un clima general de inseguridad y violencia que está a la raíz de muchas de las dificultades sociales de los jóvenes ugandeses de hoy en día: el desempleo, la delincuencia, las drogas, el alcohol, la pobreza, el analfabetismo... Aquellos que pagan el precio más alto son, sobre todo, los jóvenes de las zonas rurales presentando una tasa muy alta de analfabetismo. A menudo, esto los excluye de muchas propuestas laborales y pastorales. El desafío de la pastoral juvenil en este sentido es asegurar que los jóvenes más afortunados se conviertan en los apóstoles de sus coetáneos más desfavorecidos.

Hablando de la familia en Uganda, los prelados pusieron de relieve sus luces y sombras. En general, las familias ugandesas siguen acogiendo de buena gana la vida y el don de los hijos, pero la poligamia, la violencia doméstica, la pobreza y el impacto negativo de las ideologías occidentales representan, hoy en día, tantos factores desestabilizadores para la institución del matrimonio en Uganda. No es casualidad que las separaciones y los divorcios crezcan, y que el número de hijos nacidos fuera del matrimonio aumente. La respuesta de la Iglesia a este desafío de época se centra enteramente en la formación de las parejas para que ellas mismas puedan evangelizar a otras parejas. Por esta razón, la Iglesia ugandesa ha acogido Amoris Laetitia, como "una excelente catequesis para las familias" y un formidable instrumento de formación que debe ser inculturado para adecuarlo a la realidad de su Iglesia local.

Finalmente, surgió el tema de los movimientos y asociaciones laicales. Los obispos expresaron unánimemente la admiración que provoca en ellos su dinamismo y, sobre todo, la profundización de la fe y del testimonio cristiano en la sociedad a la que han llegado muchos laicos ugandeses, gracias precisamente a su acompañamiento y a la formación que ofrecen. Sin embargo, también observaron que en algunos de ellos sigue habiendo dificultades para integrarse en el tejido eclesial y continúan teniendo el sentimiento constante de que constituyen una Iglesia paralela.