28 de noviembre de 2019
Viaje apostólico

Las palabras del Papa Francisco a los jóvenes de Tailandia y Japón

“Se han inventado muchas cosas, pero gracias a Dios todavía no existen selfies del alma. Para ser felices, necesitamos pedirle ayuda a los demás, que la foto la saque otro, es decir, salir de nosotros mismos, ir hacia los demás, especialmente hacia los más necesitados”. Con estas palabras el Papa Francisco, en su viaje apostólico, se dirigió a los jóvenes japoneses en los últimos días respondiendo a algunos testimonios con un discurso

“Hay hombres o mujeres que se olvidaron de reír”, que no conocen el sentido de la admiración, viven “como zombis, su corazón dejó de latir” por la incapacidad de celebrar la vida con los demás, señaló el Santo Padre. “¡Cuánta gente en todo el mundo – prosiguió- es materialmente rica, pero vive esclava de una soledad sin igual! Pienso aquí en la soledad que experimentan tantas personas, jóvenes y adultas, de nuestras sociedades prósperas, pero a menudo tan anónimas”.

Francisco pidió a los jóvenes un cambio decisivo de prioridad, que “implica reconocer que lo más importante no radica en todas las cosas que tengo o puedo conquistar, sino a quién tengo para compartirlas. No es tan importante focalizarse y cuestionarse para qué vivo, sino para quién vivo”. “Las cosas son importantes – continuó el Santo Padre - pero las personas son imprescindibles; sin ellas nos deshumanizamos, perdemos rostro, perdemos nombre, y nos volvemos un objeto más, quizás el mejor de todos, pero objetos, y no somos objetos, somos personas”.

La misión que el Papa ha confiado a los jóvenes, por consiguiente, es llevar al mundo el testimonio de que somos "para Dios" y para los demás: “¡Sean testigos de que la amistad social, la amistad entre ustedes, es posible! Esperanza en un futuro basado en la cultura del encuentro, la aceptación, la fraternidad y el respeto a la dignidad de cada persona, especialmente hacia los más necesitados de amor y comprensión. Sin necesidad de agredir o despreciar, sino aprendiendo a reconocer la riqueza de los demás”.

Hace unos días, en la catedral tailandesa de la Asunción, en el corazón de la Arquidiócesis de Bangkok, el Papa celebró la Misa ante unos 10.000 jóvenes. En su homilía, el Santo Padre hizo hincapié en el futuro: “Ustedes son una nueva generación, con nuevas esperanzas, nuevos sueños y nuevas preguntas; seguramente también con algunas dudas, pero, arraigados en Cristo, los invito a mantener viva la alegría y a no tener miedo de mirar el futuro con confianza”.

El Papa, así mismo, los invitó a que: “arraigados en Cristo, miren con alegría y miren con confianza. Esta situación nace de saberse buscados, encontrados y amados infinitamente por el Señor. La amistad cultivada con Jesucristo es el aceite necesario para iluminar el camino, vuestro camino, pero también el de todos los que los rodean: amigos, vecinos, compañeros de estudio y de trabajo, incluso el de aquellos que están en total desacuerdo con ustedes”.

“Sin este firme sentido de arraigo – había explicado anteriormente, podemos quedar desconcertados por las “voces” de este mundo que compiten por nuestra atención. Muchas de estas voces son atractivas, propuestas bien maquilladas que al inicio parecen bellas e intensas, aunque con el tiempo solamente terminan dejando el vacío, el cansancio, la soledad y la desgana (cf. ibíd., 277), y van apagando esa chispa de vida que el Señor encendió un día en cada uno”.