27 de enero de 2020
Ad limina

Los laicos, la familia y la vida en la Iglesia americana

En las últimas semanas, varios grupos de obispos americanos que vinieron a Roma en visita ad limina también pasaron por nuestro Dicasterio. Nos han hablado de un laicado generoso y muy participativo en la vida de la Iglesia. Aunque el camino hacia la plena sinodalidad siga siendo largo, el laicado americano ha crecido considerablemente en la conciencia de su propia misión. Las muchas “organizaciones benéficas” que responden a los problemas sociales, el apoyo a la Iglesia a través de la recaudación de fondos, la defensa de la vida a través del movimiento Pro-vida y las iniciativas políticas de advocacy y de lobbying son sólo algunas de las áreas donde esta conciencia es más tangible. Además de su compromiso, también han crecido sus necesidades educativas, a las que la Iglesia americana ha dado una atención prioritaria. En efecto, muchas diócesis han creado estructuras dedicadas a la formación de los laicos y, cuando una diócesis no dispone de medios propios, suele recurrir a la colaboración de las universidades existentes en su territorio para darles los instrumentos adecuados para su apostolado. Además, de acuerdo con una tradición bien establecida en todos los Estados Unidos, no hay ninguna diócesis que no incluya algún tipo de “programa” para la formación de los laicos, la preparación para el matrimonio, el acompañamiento de las familias, la pastoral juvenil y la protección de la vida.

En los encuentros con los prelados también surgió con fuerza el tema de la vida. De hecho, con la adopción de leyes cada vez más radicales sobre el aborto y el fin de la vida (por ejemplo, en el Estado de Nueva York se puede interrumpir legalmente un embarazo en cualquier momento, desde el primer hasta el noveno mes), la Iglesia americana se siente llamada a trabajar cada vez más para reafirmar la dignidad inviolable de la persona humana desde la concepción hasta la muerte natural. En este sentido, los obispos han optado por apostar por iniciativas arraigadas en el territorio y cercanas a la gente para darles respuestas concretas. Es así como los “Centros de Mujeres”, es decir, centros de asesoramiento para mujeres que llevan a cabo un embarazo difícil, se han multiplicado en todas partes para acompañarlas y ayudarlas a elegir la vida como la mejor alternativa al aborto. Según muchos obispos, años después se empiezan a recoger los frutos de esta amplia presencia en las diócesis: también gracias a ellos la tasa de aborto sigue bajando en todo el país.

Los obispos también expresaron una gran preocupación por la situación de la familia. Aumenta la cohabitación, disminuyen los matrimonios, aumentan las familias monoparentales, y la duración de las familias se hace precaria por varios factores: crisis económica, drogadicción, violencia doméstica, pornografía y difusión de la ideología de género. El fenómeno migratorio que ha traído a tantos creyentes católicos a América hoy en día mitiga la crisis de la institución del matrimonio. De hecho, son en su mayoría los latinoamericanos (40% de la comunidad católica estadounidense) los que todavía tienen un fuerte sentido de la familia y se preocupan por el matrimonio. Sin embargo, los obispos están de acuerdo en que algunas semanas o meses de preparación ya no son suficientes para ayudar a los jóvenes a comprender el significado del matrimonio cristiano: se necesita un verdadero catecumenado que dure en el tiempo y se debe comenzar pronto con la preparación anticipada de los jóvenes. También es necesario no dejar solos a los matrimonios durante los primeros años de su vida conyugal y sería aún mejor que fueran acompañados por otras parejas elegidas y formadas especialmente para esta misión.

Por último, la preocupación por los jóvenes ha sido otra constante en los encuentros con los prelados americanos. ¿Cómo llegar a ellos en un contexto en el que la Iglesia es percibida como una institución anticuada y la fe ya no se tiene en cuenta?  Los prelados abordaron esta pérdida de contacto entre la Iglesia y los jóvenes y reafirmaron la necesidad de caminar con ellos, en actitud de escucha, creando el mayor espacio posible para compartir y celebrar su fe (JMJ y otros encuentros del mismo tipo), pero sobre todo haciéndoles propuestas concretas de cosas a hacer y proyectos en los que puedan invertir sus nuevas energías.