30 de marzo de 2021
Nuevos mártires

Nada es ajeno a la vida de los cristianos

Nuestra cercanía espiritual con los mártires hace bien a las comunidades cristianas necesitadas, pero nos hace especialmente bien a nosotros.

En una basílica de S. Maria in Trastevere llena hasta los topes, respetando las normas anti-covid, y en transmisión en directo con las Comunidades de Sant'Egidio de todo el mundo, el Card. Farrell presidió una vigilia de oración en memoria de los mártires contemporáneos.

Tras escuchar las conmovedoras historias y los nombres de quienes en los últimos años han dado su vida por el Evangelio, el Prefecto pronunció su homilía.

“Nuestra oración -dijo- quiere ser un gesto de cercanía a los mártires de todas las iglesias cristianas, a sus familias y a sus comunidades”, porque, como nos mostró el Papa Francisco en su reciente viaje tras las huellas de Abraham, “lo que ocurre en Irak o en Pakistán o en Nigeria es como si ocurriera aquí. Ya nada nos es ajeno. Estamos todos cerca”.

En esta perspectiva, el recuerdo de los mártires contemporáneos es un acto de solidaridad con las comunidades de cristianos, incluso no católicos, que se encuentran en mayor dificultad, pero es -sobre todo- algo que hace bien a quienes lo recuerdan.

“La crisis sanitaria mundial que estamos viviendo, continuó el Card. Farrell-, puede provocar, incluso en nosotros los cristianos, un peligroso repliegue sobre nosotros mismos [...]. Por lo tanto, mirar a los mártires nos hace bien. Sus vidas [...] nos muestran que el propósito de la vida no es sólo preservarla de cualquier peligro, sino darla por amor. Su testimonio, a menudo manso, silencioso y desconocido para el mundo, nos dice que no es la separación de los demás lo que nos salva, sino el amor a los demás”.

Para concluir, el cardenal agradeció a los miembros de la Comunidad de Sant'Egidio su compromiso diario con los pobres y con la paz, que es “un gran estímulo para todos para mantener vivo este 'alto ideal' de vida cristiana que los mártires han encarnado”.