15 de marzo de 2022
Fundación Juan Pablo II para la Juventud

“¿Qué hizo de extraordinario?”
Pironio: amigo de Dios, amigo de los jóvenes

Carmen Aparicio Valls recuerda al cardenal Siervo de Dios que inició las Jornadas Mundiales de la Juventud
Carmen Aparicio Valls y el Card. Pironio, JMJ en Manila 1995

Carmen Aparicio Valls y el Card. Pironio, JMJ en Manila 1995

 

Al conocerse la noticia del reconocimiento de las virtudes heróicas del Card. Eduardo Pironio, una persona, sabiendo la colaboración y la amistad que tuve con él, me ha preguntado: ¿ha hecho algo extraordinario? No sabría contestar porque lo extraordinario en Pironio es precisamente haber hecho lo ordinario de forma extraordinaria. Diría que es un “santo de la puerta de al lado”, como define el Papa Francisco a esos santos que tenemos cerca y, que sin hacer nada extraordinario, nos llevan a Dios porque lo respiran.

Diría que el Cardenal Pironio fue un amigo de Dios, y como consecuencia, un amigo de todos. Su testamento espiritual, de gran hondura, da testimonio de ello.

De todo lo que he podido compartir con él, quiero recordar dos cosas: vivir la misericordia y la llamada a la santidad.

En una ocasión le oí expresar su deseo: que cada sacerdote, a través del sacramento del perdón, sea trasparencia de la misericordia del Padre. Este deseo, el Card. Pironio lo ha vivido y realmente ha sido trasparencia del rostro misericordioso del Padre. Estando con él entendí que esa trasparencia era posible por su capacidad de sufrimiento, de vivir la compasión en silencio contemplativo y actuando. Para Pironio vivir la cruz fue un privilegio, como expresa en su testamento espiritual:

¡Magnificat! Agradezco al Señor el privilegio de su cruz. Me siento felicísimo de haber sufrido mucho. Sólo me duele no haber sufrido bien y no haber saboreado siempre en silencio mi cruz. Deseo que, al menos ahora, mi cruz comience a ser luminosa y fecunda.

Pironio sufrió por él y por los demás; supo cargar con su cruz y seguir la Señor, pero para él esa cruz tenía siempre un adjetivo que le daba sentido: cruz pascual. Para Pironio esto indica la forma de acoger la cruz de quien se siente profundamente amado por el Padre y experimenta la misericordia. Pironio era un enamorado del misterio pascual. Por eso podemos recordarlo como un profeta de esperanza. En su testamento espiritual dirá que la cruz para él ha sido un don y creo que esto sólo lo puede decir quien ama mucho y se siente profundamente amado por Dios[1].

También quiero recordar su pasión por la santidad. En la JMJ de Santiago de Compostela (1989), el Papa Juan Pablo II les dijo a los jóvenes: ¡No tengáis miedo a ser santos! Pironio, con su corazón joven acogió ese grito y en su último encuentro del Santo Padre don los jóvenes, en Loreto, en septiembre de 1995, después de haber escuchado atentamente las inquietudes de los jóvenes durante tantos años, le dio la respuesta al Papa con unas palabras inolvidables, signo profético de lo que ha sido su vida: «Estos jóvenes no tienen miedo del cansancio, del sufrimiento, de la cruz. Tienen miedo de la mediocridad, de la indiferencia, del pecado».


Carmen Aparicio Valls

Presidenta

Fundación Juan Pablo II para la Juventud

 

 

 

[1] «Mi vida sacerdotal estuvo siempre marcada por tres amores y presencias: el Padre, María Santísima, la Cruz» (Card. E. Pironio, Testamento espiritual).