08 de octubre de 2021
Año Familia Amoris Laetitia

“Familia: vocación y tarea” una llamada a la misión común que tenemos en la sociedad y en la Iglesia

La ponencia de Gabriella Gambino durante la Semana de la Familia en la Universidad Católica Argentina

 

Del 28 al 30 de septiembre pasado, la Pontificia Universidad Católica Argentina celebró la Semana de la Familia con el título “Familia: vocación y tarea”, en la que participó la Subsecretaria de Familia y Vida, Gabriella Gambino, con un video mensaje.

La Semana de la Familia forma parte de las actividades que el Instituto del Matrimonio y de la Familia de la Universidad Católica Argentina está llevando a cabo en el marco del Año de la Familia Amoris Laetitia y en preparación del X Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Roma del 21 al 26 de junio del próximo año.

En su intervención, la profesora Gambino subrayó que “en las últimas décadas, en lo que se refiere a las cuestiones relativas a la vida humana y a la familia, es cada vez más frecuente que se soliciten reglamentaciones y se obtengan respuestas legislativas, sin argumentos ni reflexiones sólidas capaces de respaldar las decisiones adoptadas de forma racional y objetiva”.

Por ello, invitó a todos a volver a poner en el centro a la persona humana según la antropología cristiana y a mostrar “a los jóvenes cómo desarrollar el pensamiento crítico, es decir, el pensamiento laico según el auténtico significado del término: un pensamiento, marcado por la actitud de quien quiere buscar la verdad objetiva utilizando la recta razón. No sólo la verdad última, sino también la verdad sobre los medios que la recta razón debe valorar y preparar cuidadosamente para alcanzar, cada vez, el bien humano: como en el caso del derecho y de todas las ciencias humanas, que tienen la tarea de salvaguardar la vida y la familia”.

Por último, Gambino animó a todos a trabajar juntos, a trabajar en red, porque solos “con nuestras capacidades y habilidades, que, por supuesto son necesarias, podemos hacer muy poco”, dejando que el Espíritu Santo nos fecunde para poner en marcha los necesarios “procesos de regeneración del pensamiento y de la cultura, con los pies en la tierra, pero con el corazón bien afianzado en Cristo”.