23 de enero de 2017

Jan Tyranowski: un nuevo laico en camino hacia los altares

 

Sábado, 20 de enero, el Santo Padre Francisco autorizó la promulgación del decreto sobre la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios Jan Tyranowski, laico polaco, de Cracovia, que además jugó un papel importante en la vida del santo Papa Juan Pablo II. Nació el 9 de febrero de 1901 y murió el 15 de marzo de 1947. Su vida se desarrolló en el período más oscuro de la historia europea, marcada por dos guerras mundiales. Sin embargo, su vida cristiana, vivida con una gran sencillez entre sus tareas en la sastrería de su familia y su actividad parroquial, constituyó un ejemplo radiante.

De su familia recibió una sólida educación católica. Su vida dio un giro decisivo en 1935, cuando oyó en la iglesia parroquial de los Salesianos un sermón sobre la santidad. En aquella ocasión se sintió deslumbrado por las palabras del predicador, y decidió emprender con radicalidad el camino hacia la santidad. Una santidad que se tradujo sobre todo en una intensa actividad con los jóvenes de su parroquia salesiana, tanto es así que durante la segunda guerra mundial, cuando fueron deportados casi todos los sacerdotes de la parroquia, el permaneció como el punto de referencia de un centenar de jóvenes. Una actividad que, después de la guerra, se convirtió en una verdadera formación de formadores, dejando en herencia a la sucesiva generación de catequistas laicos de la diócesis, la huella de su profunda espiritualidad. La personalidad y la coherencia de Jan, junto con la profundidad de su vida interior alimentada por la espiritualidad carmelita, atrajeron a muchos jóvenes. Entre ellos, al joven Karol Wojtyła, que cuando llegó a ser Papa escribió sobre él – en el libro “Don y misterio” – que era un hombre de una “muy profunda espiritualidad” que le introdujo a la lectura de las obras de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila.

Tyranowski fue un evangelizador que siempre dio preferencia a las conversaciones personales, un hombre que supo poner en práctica el anuncio de persona a persona, en un apostolado accesible a todo el mundo a través de un compromiso cotidiano.