18 de septiembre de 2017
Sínodo de los Jóvenes

Reformar la Iglesia con la frescura de las nuevas generaciones

Las conclusiones del Seminario internacional organizado por la Secretaría del Sínodo de los Obispos

Identidad, proyectualidad, alteridad, tecnología, trascendencia: estas son las palabras clave de las reflexiones del Seminario Internacional sobre la situación juvenil, que tuvo lugar en Roma, en el Auditorio de la Curia General de los Jesuitas.

Habló de ello en sus conclusiones, el secretario general del Sínodo de los Obispos, Lorenzo Baldisseri, explicando que el método de escucha recíproca surgió a partir del debate: “No puede haber un camino sinodal que no empiece por escuchar. Por otra parte, la palabra ‘Sínodo’ - como el Papa recuerda a menudo - significa ‘camino común’, ‘itinerario compartido’”.

El seminario sobre los jóvenes, especialmente diseñado para especialistas y destinado a desarrollar una contribución científica al Sínodo de octubre 2018, contó con la participación de 21 jóvenes, 15 expertos provenientes de universidades laicas, 17 expertos de universidades eclesiásticas, 20 formadores y agentes de pastoral juvenil y 9 representantes de los organismos de la Santa Sede.

“Los jóvenes de hoy, a pesar de las muchas contradicciones del tiempo en el que vivimos, están - dijo el Card. Baldisseri - sedientos de verdad, libertad, amor, o dicho de otro modo “van en búsqueda de un sentido”. El secretario del Sínodo de los obispos se basó en las sugerencias planteadas durante el Seminario e hizo referencia al establecimiento de un equipo de jóvenes que apoye la labor de la Secretaría General del Sínodo y de sus consultores en los trabajos preparatorios de la Asamblea sinodal, sobre todo en lo que se refiere a la elaboración del Instrumentum laboris. Además, se consideró la hipótesis de la calendarización de varios momentos en el contexto de los trabajos del Sínodo, durante los cuales los padres sinodales puedan tratar con los jóvenes, hacerles preguntas e intercambiar opiniones e ideas con ellos.

He aquí algunas de las cosas que los jóvenes solicitaron: la participación continua de algunos jóvenes en los organismos de la Santa Sede, siendo conscientes de que, dijo el secretario, “si realmente se desea promover la reforma de la Iglesia en la línea indicada por el Papa Francisco, podemos y debemos partir de la frescura de las nuevas generaciones”. La experiencia de estos días, agregó, “ha reforzado una convicción fundamental: también el Sínodo de los jóvenes puede constituir una pieza en la renovación misionera de la Iglesia, que - según la exhortación apostólica Evangelii gaudium - es el desafío urgente de nuestro tiempo. Hemos de dirigirnos a los jóvenes no sólo para que nos ayuden a entender 'cómo' anunciar el mensaje cristiano, sino también para comprender mejor 'lo que' el Señor Jesús pide hoy a su Iglesia, 'qué es' lo que espera de ella en este momento histórico, 'qué es' lo que hay que cortar y 'qué es' lo que habría que volver a encontrar en su misión”.

Durante el Seminario, Francesco Botturi, vicerrector de la Universidad Católica, hizo hincapié en algunas “buenas prácticas”, insistiendo en el papel del arte y de la música: “La cuestión artística es extraordinariamente importante en un proceso formativo porque resume la pluridimensionalidad humana que los jóvenes necesitan. Ayuda al joven a recuperar la unidad de su dimensión existencial”. Igualmente hay que señalar, opina el vicerrector, “las diferentes formas del voluntariado, institucionales y no”. Además, Botturi invitó a “practicar una visión concreta, no abstracta del conocimiento”.

María Marcela Mazzini, profesora de la Universidad Católica de Argentina, desmintió los estereotipos sobre los jóvenes de hoy: “Compartir, escuchar y ser escuchados son valores que los jóvenes aprecian en el plano pastoral. Nuestras propuestas deben tener en cuenta la dimensión de las relaciones” partiendo de la base por la cual “cada joven es único y ha de ser tratado y valorizado como tal, hemos de comprometernos con su persona y compartir su búsqueda personal”. Mazzini continuó: “Necesitamos adultos que estén dispuestos a trabajar con los jóvenes y que posean ciertas características especiales: madurez, apertura, disponibilidad, carisma y paciencia apostólica sostenida en el tiempo, sin la expectativa de resultados inmediatos”. Por último, la docente subrayó que las propuestas de evangelización han de ser “variadas, dirigidas a múltiples y variados itinerarios”, respetuosas de la gradualidad del proceso de evangelización y capaces de no limitarse a las actividades sino que han de generar “procesos de evangelización”.