08 de diciembre de 2018
Después del Sínodo

Los jóvenes, una "prueba de fuego" para la Iglesia

En una parroquia romana el padre sinodal Monseñor Frisina contó su experiencia

"Acompañar a los jóvenes, caminar en su historia, ser parte de sus dinámicas, como predicaba San Juan Bosco". Con estas palabras, Monseñor Marco Frisina, padre sinodal y director del Coro de la diócesis de Roma, resumió el objetivo final de la asamblea que en octubre, durante 25 días, reunió a 267 padres sinodales y 34 jóvenes.

Una ocasión para contar lo que sucedió entre los bastidores del Sínodo fue el encuentro celebrado en la parroquia romana de San Giovanni Battista De Rossi, donde Monseñor Frisina contó a los jóvenes como se desarrollaban las jornadas del Sínodo, marcadas por la oración, el trabajo de las asambleas -a las que siempre asistió el Papa Francisco-, las reuniones de las comisiones y las "largas votaciones". Un Sínodo en el que los jóvenes eran participantes activos, no tenían derecho a voto pero podían intervenir y su contribución fue "muy valiosa".

Frisina describió el Sínodo como una "fuerte experiencia de la Iglesia, un pequeño Consejo" porque obispos y oyentes venían de todas las naciones. Recordó algunos de los temas tratados, como la liturgia, la sexualidad, Internet y la migración. A veces los jóvenes son vistos por la Iglesia como un "objeto de estudio", pero el trabajo de la asamblea ha demostrado que son "evangelizadores" y la Iglesia debe acompañarles como Madre, no estudiarles como si fuesen un "fenómeno". Siendo "prueba de fuego de la Iglesia", deben estar motivados y no "mortificados en su positividad y en su aspecto profético". En el Aula del Sínodo, recordó, había obispos de todo el mundo con diferentes culturas y el "concepto de acompañamiento para algunos resulta un poco difícil, les gustaría troncar la comprensión de una manera clara. Pero los jóvenes no son todos iguales y deben ser todos acogidos”. Otro fenómeno sobre el que ya no es posible "hacer como las avestruces y esconder la cabeza en la arena" es Internet, a cuyo uso los jóvenes deben ser guiados y la Iglesia, concluyó, "debe darse cuenta de que se trata de un medio necesario que debe utilizar más y mejor".