22 de agosto de 2018
Encuentro mundial de las familias

El testimonio de Marian y Vincent Bradley (Irlanda del Norte), “Somos padres de una niña con necesidades especiales”

El primer día del congreso pastoral celebrado en Dublín con ocasión del Encuentro Mundial de las Familias (21-26 de agosto), Marian y Vincent Bradley (Irlanda del Norte) dieron su testimonio como padres de una niña con necesidades especiales. Ya eran padres de Finola y Ronan (que en ese momento tenían 6 y 3 años), cuando esperaban la llegada de su tercera hija "en familia", compartiendo con sus hijos cada momento del embarazo. En el momento del nacimiento, sin embargo, algo no salió según lo previsto. Una crisis repentina, el bebé tuvo que ser reanimado y llevado inmediatamente a cuidados intensivos neonatales, sin que sus padres pudieran mirarla ni siquiera un momento. "Ese día, entramos en un mundo nuevo y desconocido que tenía su idioma extranjero -dicen- un mundo que no era el que hubiéramos deseado”. Un lenguaje que no estaba hecho de pañales y mimos, sino de monitores, médicos, enfermeras, incubadoras estériles, jerga médica y medicinas. "Sólo podíamos mirar, indefensos, perdidos en nuestro miedo", añaden.

Después de varias semanas, la niña, a quien dieron el nombre de Meabh, regresó a casa. "Nadie tenía idea de lo grave que era el daño en el cerebro de nuestro niña -dicen- y del impacto que esto tendría en su vida. Fue un estar a la espera y observar, cuando nadie nos daba ninguna esperanza. Nuestro bebé, para ellos, no tenía ninguna oportunidad y nuestras vidas nunca volverían a ser las mismas". "Salimos del hospital sin flores ni globos de bienvenida para la recién nacida -añaden- y algunos amigos y vecinos, que se encontraban con nosotros en la calle, nos evitaron. Ese fue el comienzo de nuestra nueva vida, hecha de dolor, derrotas y desafíos. Un camino diferente y solitario, junto con muy pocas personas que han elegido quedarse con nosotros". En ese momento les vino el deseo de hacerse con una Biblia y pedirle a Dios algunas palabras para ayudarles a vivir esta nueva vida y cuidar de su pequeña, hermosa y vulnerable niña. El libro se abrió en la página del Evangelio en la que se narra el encuentro de Jesús con Jairo: "No tengas miedo, cree en mí, y se curará". Una frase que ha acompañado a Marian y a Vincent todos los días desde entonces. "¿Cómo habríamos podido seguir trabajando, pagar nuestra hipoteca, asegurarnos de que Finola y Ronan tuvieran las vidas que esperábamos? - cuentan - ¿Nuestro matrimonio hubiera sobrevivido a esto? ¿Cometió Dios un error al confiarnos a esta hija? Ninguno de nosotros tenía conocimientos médicos y hasta ese momento era todo lo que Meabh parecía necesitar”. Vivieron un duelo, pero no tuvieron tiempo de metabolizarlo. Un desafío, la pequeña Meabh, que cambió la vida de toda la familia. Una familia que ha permanecido "aislada".

"Hay muchas cosas que nuestra familia no puede hacer", dice Marian, "nadie está interesado o tiene tiempo para ofrecer ni una sola palabra de aliento. En situaciones como ésta, incluso una palabra amable, o un gesto de compasión, habría marcado la diferencia. Esta nueva vida tiene un costo: nuestras carreras han desaparecido, las vacaciones son imposibles, no podemos salir a cenar o planear un viaje. No podemos planear nada. Una situación puede cambiar las cosas muy rápidamente. Y esto es algo que la mayoría de la gente ni siquiera nota. Sin embargo, en todo esto, Marian y Vincent han descubierto que "el amor de los padres no tiene nada de lógico: es instintivo, poderoso, enérgico, dinámico e intrépido. Es un amor que no conoce límites”. Y como "nuevos" padres, Marian y Vincent han descubierto que parte de su "verdadero trabajo" es educar a las personas que están a su lado sobre el significado de la discapacidad y del cuidado. "Comenzamos con una liturgia para los niños de nuestra iglesia – siguen contando- debido a su discapacidad, muchos de nuestros niños no reciben educación religiosa en la escuela. Y luego comenzamos un programa de SPRED para aquellos que tienen necesidades especiales en nuestra parroquia”. “Pero el sueño que el Señor tenía para nosotros seguía creciendo - revela Marian -. Nuestra familia se ha transformado. Nuestro camino es duro, pero también da alegría, mucha alegría y mucho amor. Nuestra casa está llena de risas. Meabh, que depende totalmente de nosotros, es el centro de toda la familia. Mi corazón se ilumina cuando miro a Vincent: su amor es fuerte, su dedicación y su amor por nuestros tres hijos es incansable y abrumador”. Y los otros dos niños, Ronan y Finola, también están involucrados en este amor, ayudando a sus padres a cuidar de Meabh. "Ellos son los verdaderos héroes de nuestra familia", comenta Marian con orgullo.

"Meabh nos da tanto – añade-. Es tan divertida,  nos hace reír y bromear todo el tiempo. Tiene un gran sentido del humor y le encanta jugar. Con su lenguaje es una excelente comunicadora. Ver a cada persona como creada a imagen y semejanza de Dios, sea cual sea su discapacidad, es un gran don y gracias a Dios nos ha sido dado ese don. No vemos a una niña en silla de ruedas, totalmente dependiente y vulnerable, pero vemos a una hermosa joven llena de amor y dotada de un potencial increíble. Vemos un mundo transformado por ella y su presencia”. No faltan las preocupaciones por el futuro: ¿qué pasará con Meabh cuando los padres ya no estén? ¿Quién cuidará de ella? "Se nos ha pedido que vivamos en un mundo lleno de ternura - concluye Marian -. Este es nuestro sueño y cuando esto sucede no tenemos que preocuparnos por quién amará a nuestra hija. Hemos de dejar todo en las manos de Dios, que es Padre de nuestra familia".