04 de marzo de 2019
Vida

El amor por la vida viene de la sabiduría divina, buscada y experimentada

Que la evolución de la tecnología sirva para cuidar la vida, no para destruirla. Estas fueron las palabras del cardenal Kevin Farrell, en la celebración de la conclusión de la XXV Plenaria de la Pontificia Academia para la Vida (PAV)

“Dios es el autor de la vida y por eso los que aman a Dios aman la vida”. Tomar partido por Dios significa siempre tomar partido por la vida; y en sentido contrario, siempre hay oposición entre el autor de la vida y la negación de ésta. El cardenal Farrell recuerda las rotundas palabras del Papa Francisco el año pasado, dirigidas, también en aquella ocasión, a la Asamblea de la PAV: “La visión global de la bioética se comprometerá con más seriedad y rigor a desenmascarar la complicidad con el trabajo sucio de la muerte”. Por eso, los que se proponen, con la conciencia recta, trabajar por la vida, vivirán momentos de prueba y tendrán que aceptar una disciplina de búsqueda seria y desinteresada para liberarse de los prejuicios y de las propias opiniones, si éstas no son según la verdad, para tener que renunciar quizás a los intereses personales, para tener la fuerza de dar testimonio de la verdad, incluso si esto supone ir en contra de la opinión de la mayoría, para perseverar en su compromiso a pesar de la indiferencia general o de los escasos resultados.