29 de noviembre de 2019
Laicos

Un pueblo en camino hacia la santidad

La subsecretaria Ghisoni en el encuentro promovido por la Conferencia nacional de las Asociaciones del apostolado de los laicos en la Conferencia episcopal portuguesa

¿Cuál es el mayor desafío que la llamada a la santidad plantea a los fieles laicos a la luz de la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate? “Cantar nuestra propia partitura, no una ideal que no es real”, interpretarla “junto a aquellos que, a su vez, interpretan, junto a nosotros, un renglón diferente de la misma partitura, pero en armonía entre todos, dejándonos guiar con seguridad por la mano del director, quien, sabiamente, nos lleva a ser protagonistas de una sinfonía, expresión de nuestro estar juntos en camino, como pueblo”. Estas fueron algunas de las palabras pronunciadas por Linda Ghisoni, Subsecretaria de nuestro Dicasterio, el sábado 23 de noviembre en el V Encuentro nacional organizado en Santarém, Portugal, por la Conferencia nacional de las Asociaciones de apostolado de los laicos, reconocida por la Conferencia Episcopal local.

En un auditorio repleto, con la participación de 600 laicos de todas las diócesis de Portugal, en presencia del Patriarca de Lisboa, del Nuncio Apostólico de Portugal y de algunos obispos, Linda Ghisoni, dijo que la llamada a la santidad concierne a cada bautizado, sin excluir a nadie. También dijo que, para responder a esta llamada, basta con “vivir fiel y humildemente lo que somos y estamos llamados a ser, según la vocación inscrita genéticamente en nosotros, ya que el bautismo nos ha injertado como ramas en la única vida, como hijos en el Hijo: una llamada que contiene en sí misma la misión específica para cada uno de nosotros”.

Si “cada uno de nosotros tiene una misión propia, cuyas connotaciones concretas vienen dadas por la situación familiar y social específica, por el hecho de estar casados, de ser padres o solteros, célibes por el compromiso con el trabajo que tenemos, por ser hombre o mujer, joven o anciano”, cada uno “vivirá la misión concreta recibida del Señor como su ‘propio’ camino de santificación, único e irrepetible para cada uno de nosotros,…sin huir hacia adelante ni hacia atrás y sin desentendernos de nuestro compromiso cotidiano con el trabajo, con el compromiso social, con el voluntariado, con la vida pública”.

Hay que adoptar una actitud “de constante escucha inteligente y de gran prudencia para poder evaluar los acontecimientos cotidianos desde una perspectiva de fe y vivirlos coherentemente con el Evangelio. El compromiso en este sentido -explicó- es nuestro camino hacia la santidad”.

La propuesta es “fascinante”: “Hacer que toda nuestra existencia se manifieste en un único proyecto divino, que nos ha sido revelado y que nosotros hemos abrazado. Es la propuesta para lograr la plena unificación interior, para llegar a ser plenamente transparentes, para nosotros mismos y para los demás. […] Las personas que tienen un corazón indiviso, un alma sencilla, un centro vital unificado, son generalmente personas abiertas, llenas de fuerza porque no tienen miedo de su propia fragilidad, son personas en las que se puede confiar, ajenas a toda hipocresía y a la miseria, que inspiran confianza y a menudo hacen que otros se enamoren del ideal por el que viven y por el que se entregan con total dedicación. Aquí, creo, está la fascinación de todos los santos”.

Un papel particular juega, en esta perspectiva, la “dinámica popular”: “Nacemos de un Dios que es comunión, por lo tanto, la dinámica del pueblo, de la comunión a la que nos invita el Papa no es más que una correspondencia con nuestra auténtica naturaleza, con nuestra marca, con el fragmento de la partitura musical que estamos llamados a realizar”.