30 de enero de 2020
Ancianos

De la vocación a la pastoral

La tercera y última sesión del primer Congreso internacional “La riqueza de los años”

La apertura de la tercera y última sesión del Congreso de atención pastoral de los ancianos que tuvo lugar en el Augustinianum estuvo a cargo del cardenal José Tolentino de Mendonça, archivista y bibliotecario de la Santa Romana Iglesia, quien habló extensamente sobre la figura de Abraham en su ponencia sobre la vocación de los ancianos en la Iglesia: "Primero, Dios le pide una profunda experiencia de fe, y Abraham vive su fe como una forma de hospitalidad".  En este sentido, la Iglesia, dijo, "necesita que los ancianos se conviertan en maestros de hospitalidad". Entonces, "Abraham se convierte en padre de muchas naciones activando la fuerza generativa de la transmisión de la fe: transmitir - explicó el cardenal - consiste en integrar al ser humano en una historia.  Es para decirle: eres esto, eres parte de un pasado o un futuro, eres coprotagonista de una historia común”.

El secretario de nuestro Dicasterio, el p.  Alexandre Awi Mello, subrayó que "los ancianos tienen una vocación especial: como ciudadanos entre su gente y como miembros bautizados del pueblo santo y fiel de Dios, tienen un papel insustituible para vivir y transmitir cultura, fe, tradiciones y  valores humanos y religiosos".  A la luz de todo esto, “la realización de este primer congreso internacional pastoral para los ancianos es una forma de prestar atención a los laicos en una fase muy importante de sus vidas, para preservar el valor y la importancia que tienen en sus familias  y para mostrar atención a un periodo de la vida humana que necesita de muchos cuidados y al mismo tiempo tiene un gran potencial evangelizador”.

Peter Kevern, de la Universidad de Staffordshire, destacó durante la mesa redonda que “la fragilidad y la dependencia llenan nuestros primeros días y nos acompañan a lo largo de nuestras vidas: nuestra existencia es posible solo con la gracia de Dios y la ayuda de otras personas, todos los días. A medida que envejecemos, podemos volvernos más frágiles: pero esto nos hace más humanos, no menos humanos.  La persona mayor no es un extraterrestre.  No es un extraterrestre porque todos somos frágiles, todos estamos necesitados, todos somos presa, un momento u otro, de la debilidad y de la vulnerabilidad.  Cuando nos ocupamos de las necesidades de las personas mayores, no solo estamos practicando una de las 'obras de misericordia', como se les llama tradicionalmente.  Tampoco estamos simplemente practicando un acto de adoración, cuidando a los necesitados que están más cerca del corazón de nuestro Señor. Además estamos participando, concluyó, en un acto profético revolucionario: encontrar la riqueza y el significado entre las personas que nuestra sociedad a veces considera insignificantes”.

María Elisa Petrelli, responsable de la pastoral del adulto mayor de la Conferencia episcopal argentina, habló sobre la pastoral: “La pastoral familiar es el lugar que debería corresponder a las personas de la tercera edad, ya que han formado sus familias, y también han sido los cimientos y pilares de las familias a las que pertenecen”. A la luz de una pastoral orgánica como se describe en Amoris Laetitia, “se trata de promover y fomentar una pastoral específica en el seno de las familias, que consiste en el acompañamiento, el cuidado y la integración de las personas de la tercera edad”.

Las conclusiones fueron confiadas a la subsecretaria de nuestro Dicasterio, Gabriella Gambino quien, “considerando la heterogeneidad de la situación de los ancianos en los cientos de diócesis repartidas por todo el mundo, así como en los diferentes contextos culturales y sociales”, concluyó resumiendo algunas orientaciones:

- “Considerar al gran pueblo de los ancianos como parte del pueblo de Dios: tienen necesidades especiales que debemos tener en cuenta y por ello es necesario que las diócesis creen departamentos dedicados a la atención pastoral de los ancianos”;

-  “La pastoral de los ancianos, como toda pastoral, debe ser incluida en la nueva era misionera inaugurada por el Papa Francisco con la Evangelii Gaudium. Esto significa: anunciar la presencia de Cristo a los ancianos, porque la llamada a la santidad es para todos, incluso para los abuelos. No todos los ancianos han encontrado ya a Cristo y, aunque lo hayan hecho, es esencial ayudarles a redescubrir el significado de su bautismo en una fase tan especial de la vida”;

- “No organizar la atención pastoral de los ancianos como una sector aislado, sino de acuerdo con un enfoque pastoral transversal”;

- “Valorar los dones y carismas de los ancianos, en la actividad caritativa, en el apostolado, en la liturgia”;

- “Apoyar a las familias y estar presentes con ellas cuando necesiten cuidar de los abuelos ancianos”;

- “Detener la cultura de descarte”. Muchos ancianos, explicó, “piden ser hospitalizados en instituciones para no ser una carga” y “en algunos países ya se está proponiendo la eutanasia, explícitamente condenada por la Iglesia, para las personas ancianas solitarias y cansadas de vivir”. Por lo tanto, aclaró, “allí donde la gente se pregunta si su vida sigue siendo útil o de interés para alguien, bueno, hay un vacío que la pastoral de la Iglesia debe colmar”.  

- “Cuidar la espiritualidad de los ancianos para que, junto a la piedad y a la práctica devocional, se sumerjan en una auténtica y profunda relación espiritual con Dios. El hombre que envejece no se acerca al final, sino que necesita acercarse a Dios y al misterio de la eternidad”.

Para acabar, la Subsecretaria garantizó a los numerosos participantes el acompañamiento y el apoyo del Dicasterio: “No se necesitan estrategias, sino relaciones humanas de las que puedan surgir redes de colaboración y solidaridad entre diócesis, parroquias, comunidades laicas, asociaciones y familias. Necesitamos redes sólidas con raíces fuertes, no iniciativas fragmentadas y frágiles, incluso si muchas veces a partir de las semillas más pequeñas -concluyó- nacen los proyectos más grandes”.