27 de enero de 2018
Asociaciones y Movimientos

Carismas al servicio de los pastores para una madurez eclesial

El Prefecto Farrell en la Jornada de estudio sobre “Carisma e instituciones”: “Los movimientos eclesiales despiertan el hambre de vida divina”.

“Los carismas han de ser considerados desde el punto de vista de la evangelización, no desde el punto de vista de una división de poder dentro de la Iglesia. Es desde la perspectiva de la nueva evangelización que los carismas pueden encontrar su justo valor”. Estas son las palabras del Prefecto Kevin Farrell, en su discurso en el Palacio de la Cancillería en Roma, con motivo de la Jornada de estudio promovida por el Centro Evangelii Gaudium del Instituto Universitario Sophia, bajo el patrocinio de la Asociación Canonista Italiana, en torno al tema “Carisma e institución en los movimientos y comunidades eclesiales”.

En los carismas, continuó el Prefecto, “¡se encuentran a menudo - y en abundancia! -la fuerza y el entusiasmo, la capacidad de proclamación, la disponibilidad de tiempo y energía, la buena formación bíblica y catequética, la capacidad de acogida fraterna de los no creyentes y de los no practicantes y, por último, el lenguaje adecuado para las personas de nuestro tiempo”.

El Cardenal Farrell, seguidamente, reflexionó sobre los “carismas contemporáneos”, mencionados en la Iuvenescit Ecclesia, que “quieren presentar a los hombres de hoy una propuesta de vida cristiana que tiende a ser global, invirtiendo todos los aspectos de la existencia cristiana”.

Por lo tanto, “acoger a los movimientos eclesiales no significa – aclaró - crear caminos de élite dentro de las diócesis y parroquias, sino ofrecer ‘propuestas de vida cristiana global’. Los movimientos nacidos de los nuevos carismas no producen ‘profesionales de la religión’ dedicados a algún ministerio particular, sino cristianos, conscientes de su fe”.

Por lo tanto, los carismas están “al servicio de los pastores”, y es precisamente “en esta relación intrínseca entre la misión de Cristo y la misión del Espíritu, donde se fundamenta el vínculo entre los dones jerárquicos y los dones carismáticos”.

 

Los carismas, y las agregaciones eclesiales que de ellos se derivan, no son, añadió el Prefecto, “algo ‘accidental’, sino que pertenecen a la esencia de la Iglesia, y por lo tanto, al igual que los ministros ordenados nunca serán menos considerados en la Iglesia”. Además, “muchos pastores pueden confirmar que en los países altamente secularizados, cuando llegan los nuevos movimientos eclesiales, se despierta en las personas un gran hambre de vida divina”.

Continuando su discurso, el Prefecto Farrell reflexionó sobre el fruto de la experiencia que el Dicasterio tiene en la relación con los movimientos eclesiales, invitando a los pastores “a mantener siempre un equilibrio justo y sabio en relación con los carismas eclesiales, procurando armonizar el deber de la jerarquía de sostener y fomentar los carismas y el deber de discernir, orientar, supervisar y corregir, si es necesario, estas realidades”.

El cardenal asignó a los pastores dos tareas: “Respetar la especificidad de cada carisma evitando la tentación de la uniformidad absoluta o querer imponer iniciativas, actividades y estilos de apostolado alejados del carisma original” y “velar por los contenidos y métodos de formación cristiana impartidos a sus miembros, su apostolado, etc., de tal manera que estén siempre en conformidad con la doctrina y la práctica eclesial, respetando siempre la libertad de las personas, evitando todo tipo de abusos y todas las formas de exclusivismo, elitismo o incluso conflicto abierto con la jerarquía o con el resto del pueblo de Dios, es decir, con los fieles que no pertenecen a movimientos eclesiales”.

Los movimientos eclesiales, prosiguió el Prefecto, “pueden ser de gran ayuda para revitalizar las parroquias” y “aportan a la Iglesia muchos frutos de conversión, de auténtica vida cristiana, de vocaciones en la vida laical, matrimonial y sacerdotal, sólo cuando, aunque formen parte de la vida parroquial y diocesana, se les ayuda a ser y permanecer plenamente ellos mismos”. Por otra parte, los movimientos mismos “deben comprender siempre mejor que las intervenciones de la jerarquía no deben ser consideradas como un elemento ajeno que se impone de manera autoritaria al carisma, sino como un elemento intrínseco al mismo”.

De hecho, según el Cardenal Farrell, los carismas “son bienes dados en la Iglesia” y “todos los movimientos y comunidades eclesiales están llamados a vivir plenamente esa fase de ‘madurez eclesial’ que exige la superación de viejos malentendidos, contrastes anacrónicos y que los ve ahora lanzados a la obra de la nueva evangelización e impulso misionero hacia nuestro mundo cada vez más secularizado, en plena sintonía y -concluyó- en comunión con los propios pastores”.

Al saludar a los presentes, la Presidente de los Focolares, Maria Voce, expresó como “su único deseo” el de “responder a la llamada que Dios nos ha hecho, estando al servicio de la Iglesia con amor y pasión, con una mirada que va más allá de sus expectativas y necesidades en este particular periodo de Reforma en armonía con el programa pontifical del Papa Francisco de una Iglesia en salida misionera”. Los dones “que Dios ha dado a nuestros movimientos y comunidades eclesiales son tales, añadió, en la medida en que encuentran el reconocimiento de la Iglesia, en la Iglesia, para la Iglesia y derraman su perfume al servicio de ella”.

“Carisma e istituzione in movimenti e comunità ecclesiali"